Condiciones de vida y ecosistemas, dos asuntos en una misma estrategia

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By Maria Clara Valencia, CCMP Fellow

Si las comunidades reciben información y se comparten los conocimientos entre sí, proyectos para la reducción de emisiones producto de la deforestación y degradación de bosques (conocida como REDD) que hoy son piloto, podrán ampliarse a grandes escalas.

Con una buena comunicación será posible crear una especie de “círculo virtual” que alimente la información sobre el desarrollo sostenible. De esta manera, se fortalecerá el capital humano y cultural que permitirá un mejor manejo de los recursos naturales.

Pero para que todo esto sea posible, los expertos reunidos en el evento XX insistieron en la necesidad de que haya claridad en los derechos de propiedad de la tierra para que se puedan se promuevan procesos participatorios por medio de mecanismos financieros.

Según los especialistas, se necesitan recursos, tanto del sector público como del privado para que se puedan mejorar las condiciones de vida de las poblaciones locales y así, a la vez, se aumenten las garantías para la preservación de los espacios naturales. Estos dos aspectos deben estar aryticulados en cualquier estrategia que se emprenda.

Los retos para la puesta en marcha de estrategias exitosas para el cuidado de los bosques son enormes. Los ejemplos de algunas de las iniciativas que ya existen, demuestran que se requiere diversificación, capacidad organizativa, una infraestructura de mercados sostenible para mejorar las condiciones de vida locales y capacidad de aprendizaje, porque en REDD la última palabra no está dicha y cada proceso tiene particularidades que deben ir incorporandas en el camino.

Las soluciones a cada situación deben salir de las comunidades mismas, dependiendo de sus realidades locales.

Cuando se habla de iniciativas forestales no solo se trata de la protección de los bosques existentes. También existen oportunidades para el manejo sostenible y la recuperación de áreas degradadas que pueden convertirse en nuevos espacios para el desarrollo.

Un ejemplo de ello es la región de Shinyanga, en Tanzania, donde las comunidades lograron, con estrategias agroforestales, recuperar 500.000 hc de desierto y convertirlas en un nuevo espacio boscoso.

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