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Incertidumbre en torno al nuevo acuerdo sobre cambio climático: ¿Se prolongará el estancamiento de REDD+?

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En la conferencia sobre cambio climático de las Naciones Unidas (COP 18) en Doha, 193 jefes de gobierno se reunen para discutir el futuro de nuestro planeta. La ‘Plataforma de Durban’, uno de los pocos éxitos de la COP 17, fue un primer paso hacia un acuerdo más sólido, donde los principales emisores del mundo y los países en desarrollo acordaron establecer metas de reducción de emisiones para 2015 (a entrar en vigor en 2020). Sin embargo, aún queda por verse si los 193 países darán el gran salto y se comprometerán a establecer un nuevo acuerdo climático legalmente vinculante, en especial cuando el apoyo para el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto parece estar disminuyendo.’

Mientras los negociadores van trabajando los detalles de la Plataforma de Durban en Doha, sin ninguna reducción importante de emisiones hasta 2015, ¿qué va a ser de los programas de mitigación climática que están funcionando en la actualidad como la Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD+)? ¿Y las decisiones relativas a los bosques? ¿Van a avanzar en Doha o los negociadores van a mantener a REDD+ estancado?

REDD+ en Doha y después

El  esquema de mitigación climática REDD+ (Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación de los Bosques), respaldado internacionalmente y a través del cual los países en desarrollo reciben un pago por reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, está avanzando aunque lentamente. La preocupación es que si no se llega a un compromiso importante que permita reducir las emisiones de GEI para 2015, REDD+ quede supeditado a otras decisiones aprobadas en Doha y en otros foros en el futuro.

La primera decisión tiene que ver con el financiamiento. Encontrar fondos que apoyen un esquema de esta naturaleza está resultando ser una empresa enorme, especialmente porque combatir la recesión económica continuará siendo la principal prioridad para muchos países en los años venideros. Si bien existen otras opciones, es poco probable que los inversionistas se comprometan a desembolsar el dinero necesario en esta etapa preliminar. Sin embargo, como lo resumimos más adelante, debido a que el Fondo Verde para el Clima está vacío y los negociadores aún están muy lejos de decidir cuáles son los países que deberán realizar los pagos, es probable que los países REDD+ se sientan incómodos avanzando sin que se les ofrezca garantías de que podrán contar con financiamiento a largo plazo.

La segunda decisión está relacionada con el impacto. REDD+ fue diseñado como un mecanismo basado en el desempeño, ya que los países en desarrollo recibirán apoyo financiero siempre y cuando logren reducir sus emisiones. En el futuro, los donantes internacionales necesitarán apoyar a los países ricos en bosques mientras van desarrollando capacidades para medir, reportar y verificar (MRV) sus reducciones de emisiones de carbono, indispensables para demostrar el impacto. Debido a que el consenso en torno a las metas de emisiones aún está a tres años de distancia, y todavía no se ha resuelto la cuestión del financiamiento a largo plazo, las decisiones sobre las modalidades del sistema serán vitales en Doha para que REDD siga funcionando.

El futuro del financiamiento del cambio climático

REDD+ está siendo promocionado como una de las mejores maneras de proteger los bosques y mitigar el cambio climático. Sin embargo, el financiamiento de largo plazo de este esquema sigue incierto. En la COP 18 de este año, los países ricos en bosques necesitan recibir señales más claras de la comunidad internacional en el sentido de que se cumplirá con la promesa de 30 mil millones de dólares para las actividades REDD+ correspondientes al periodo 2010-1012 y 100 mil millones de dólares al año para 2020.

Esto coloca al financiamiento del cambio climático en un punto de inflexión: si bien se dispone de financiamiento a corto plazo (incluyendo financiamiento para las actividades de preparación REDD), los desembolsos son lentos y sin una garantía de financiamiento a largo plazo, las oportunidades de inversión son escasas. Al mismo tiempo, no existe un estrategia de largo plazo adecuada y predecible para satisfacer las necesidades financieras de las políticas actuales de mitigación.

Entonces, ¿Qué opciones tenemos para poder seguir avanzando? En el futuro cercano, la mayor parte del financiamiento para las estrategias de mitigación del cambio climático probablemente provenga del sector público a través de ayuda al desarrollo u otros fondos bilaterales. Por ello, es posible que el financiamiento sea fragmentado y canalizado a través de varias entidades. También es probable que esté vinculado a muchos objetivos, además del objetivo de mitigación del cambio climático, incluyendo cuestiones como el alivio a la pobreza y el desarrollo rural.

Los países más adinerados que tienen bosques e instituciones sociales y políticas sólidas pueden optar por financiarse ellos mismos parte de las estrategias nacionales e internacionales de cambio climático. Algunos países pueden optar por participar en acuerdos basados en el desempeño con donantes y agencias internacionales como los acuerdos de reducción de emisiones entre Indonesia y Noruega.

Hasta que los negociadores lleguen a un acuerdo acerca de una estrategia clara de largo plazo, las interrogantes referidas a quién asumirá el pago de las soluciones al cambio climático, continuarán causando controversia aquí y ahora. ¿Deberían ser los países en desarrollo que actualmente están experimentando un importante crecimiento económico y expansión industrial o los países desarrollados que han sido históricamente responsables del cambio climático? A pesar de las disputas, la explotación continua de los recursos no es una opción para ninguna de las partes.

Un mecanismo de financiamiento climático transparente y responsable nos podría ayudar a salir del estancamiento. La medición, reporte y verificación (MRV) precisa de la reducción de emisiones les aseguraría a los inversionistas REDD+ que los pagos estuvieron basados en los impactos de reducciones reales de emisiones, mientras que los países en desarrollo obtendrían apoyo financiero o técnico para sus actividades de reducción de emisiones. Sin embargo, el MRV no está libre de desafíos.

Medir el carbono para garantizar el impacto de REDD+

Uno de los mayores desafíos técnicos que enfrentan los países ricos en bosques que han decidido desarrollar estrategias de mitigación de cambio climático como REDD+, es cómo monitorear con precisión la deforestación, la degradación de los bosques y las reservas de carbono. Un aspecto clave en el debate ha sido cómo monitorear las emisiones de carbono y establecer niveles de emisiones de referencia (NER); el punto de referencia a partir del cual los países pueden medir su éxito reduciendo las emisiones de carbono. Sin embargo, para definir el nivel de emisiones de referencia, los países deben contar con información detallada sobre el estado presente, futuro y potencial de sus bosques.

En las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Durban en diciembre del año pasado, se acordó que el enfoque paso a paso –desarrollado por CIFOR y sus socios– ayudaría a los países que no contaban con inventarios forestales detallados para participar en REDD+ al permitirles usar métodos simples de monitoreo, reporte y verificación (MRV) para definir sus NER hasta que desarrollaran sistemas de medición más sofisticados y precisos con el tiempo.

Basándose en esta experiencia, se espera que los negociadores de la COP 18 reunidos en Doha tomen algunas decisiones importantes para prestar apoyo financiero y técnico a los países a medida que van tratando de cumplir con los requisitos de MRV. El borrador actual del texto del Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (OSACT) a ser presentado para debate contiene referencias a la estructura de un sistema nacional, acerca del cual probablemente se tome una decisión en Doha. Sin embargo, son las decisiones referentes al financiamiento de largo plazo y MRV las que permitirán que el proceso continúe avanzando. La cuestión de cómo los países van a informar sobre las medidas tomadas para implementar los salvaguardas también tiene implicaciones para los sistemas nacionales de MRV, aunque según uno de los negociadores principales de las Naciones Unidas que habló con CIFOR la semana pasada, las salvaguardas probablemente no lleguen a la mesa de discusión.

Las negociaciones internacionales sobre cambio climático son complejas en el mejor de los casos, pero hemos aprendido desde Copenhague que el mundo probablemente no logre un avance significativo en ninguna de las reuniones. Los avances toman tiempo.

¿Y dónde encajaría REDD+ en un nuevo acuerdo climático? Es demasiado pronto como para saberlo. No obstante, a pesar de la incertidumbre acerca de las metas de reducción de emisiones y el financiamiento de largo plazo, algunos países todavía están impulsando REDD+ con la esperanza de implementar con éxito políticas para reducir la deforestación, independientemente del proceso de la CMNUCC. Acelerar el paso de las negociaciones REDD+ sería una forma a través de la cual la comunidad internacional puede mostrar que se toma en serio abordar los desafíos que plantea el cambio climático y proteger los bosques del mundo.

 

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