Oxido nitroso y metano: Los gases olvidados en el debate sobre bosques y cambio climático

BOGOR, Indonesia (30 de octubre de 2012)_Los formuladores de políticas que buscan reducir los gases de efecto invernadero derivadas de la deforestación, no pueden ignorar los niveles de óxido nitroso y metano emitidos en la atmósfera como parte de la conversión de la tierra para cultivos de aceite de palma, soya y otros, dicen los científicos.
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Una vaca emite en promedio 600 litros de metano al día a través de eructos y exhalaciones. ¿La tala de bosques para pastoreo de ganado es una mala sombra para el cambio climático? Jill Matsuyama

BOGOR, Indonesia (30 de octubre de 2012)_Los formuladores de políticas que buscan reducir los gases de efecto invernadero derivadas de la deforestación, no pueden ignorar los niveles de óxido nitroso y metano emitidos en la atmósfera como parte de la conversión de la tierra para cultivos de aceite de palma, soya y otros, dicen los científicos.

Si bien estos gases olvidados representan solamente una pequeña fracción del total de emisiones de gases de efecto invernadero a partir de la deforestación, el óxido nitroso es hasta 300 veces más eficaz en atrapar el calor en la atmósfera cuando se lo compara con el dióxido de carbono en un periodo de 100 años. El metano es 25 veces más eficaz, dijo Kristell Hergoualc’h, científica del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

Por ello, ambos necesitan empezar a ocupar un lugar más importante en el debate sobre cambio climático.

La degradación y conversión de los bosques son responsables de aproximadamente 12% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero – cuya mayoría es dióxido de carbono emitido a partir de los incendios forestales y la deforestación.

La deforestación en sí no contribuye de forma importante a las emisiones de nitrógeno y gas metano, sin embargo, la conversión para abrirle paso a los cultivos y la ganadería (se piensa que en promedio una vaca emite 600 litros de metano al día, a través de eructos y exhalaciones), y el uso de fertilizantes basados en nitrógeno para estimular los rendimientos agrícolas están aumentando los niveles atmosféricos de estos dos gases.

Emisiones desde las turberas y los manglares

Es bien conocido el gran potencial de las turberas y los manglares para acumular carbono – los suelos de los manglares almacenan hasta cuatro veces más carbono que los árboles. Sin embargo, se conoce menos acerca de las emisiones de metano y óxido nitroso, que pueden ser importantes por su potencial para el calentamiento global, advirtió Hergoualc’h.

“Necesitamos saber en qué medida el cambio en el uso de la tierra contribuye al calentamiento global, ya que es probable que este se acelere en el futuro”, dijo.

El monitoreo e información precisa sobre el dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero son esenciales para los países que están participando en esquemas de mitigación climática, tales como la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación (REDD+),  esquema que paga a los países en desarrollo por el carbono almacenado en árboles y suelos.

“Para que REDD+ tenga éxito, es necesario probar que uno está causando un impacto y eso significa ser capaz de cuantificar la transferencia de carbono y otros gases de efecto invernadero desde el ecosistema a la atmósfera”, dijo Lou Verchot, científico principal de CIFOR en el Estudio Comparativo Global sobre REDD+.

Una de las metas del estudio de cuatro años es ayudar a los países en desarrollo a que consoliden sistemas sólidos de monitoreo, revisión y verificación (MRV)  para medir con precisión su eficacia en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Este es un reto técnico muy grande, dijo Verchot, especialmente para los países que carecen de datos históricos y de tecnología para monitorear sus tasas de deforestación, degradación de bosques y reservas de carbono.

Científico de CIFOR Jodi Hartill mide los gases de efecto invernadero en el Parque Nacional de Berbak, Sumatra. James Maiden/CIFOR.

En Indonesia, 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel nacional provienen del cambio de uso de la tierra, en parte alimentado por la creciente demanda de aceite de palma y cultivos agrícolas. Más del 60% de los manglares 45% las de turberas ya han desaparecido para satisfacer dichas demandas.

Al mismo tiempo, los fertilizantes que se usan para elevar el rendimiento de las plantas de aceite de palma en paisajes convertidos, tales como Sumatra, están causando emisiones importantes de óxido nitroso.

“Cuando se despeja la turba, el nitrógeno natural encontrado en el suelo no está disponible para las plantas, por lo que para asegurar que las palmas aceiteras jóvenes prosperen, se agrega fertilizante en grandes cantidades durante los primeros tres a cuatro años de la siembra. Cuando se agrega fertilizante se estimula a los microbios en el suelo que convierten el nitrógeno en óxido nitroso”, explicó Hergoualc’h.

“Necesitamos encontrar maneras de reducir estas emisiones ocasionadas por la fertilización sin reducir la productividad del sistema”, agregó.

También se necesita más investigación para entender cómo las actividades de mitigación del cambio climático podrían estar contribuyendo a emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente cuando se considera la producción de biocombustibles.

Por ejemplo, un estudio anterior muestra que los biocombustibles pueden estar teniendo un impacto negativo sobre el medio ambiente. El estudio advierte que los cultivos de biocombustible (tales como la jatropha y la soya) que requieren fertilización intensiva con nitrógeno podrían “contribuir tanto o más al calentamiento global por emisiones de óxido nitroso que al enfriamiento por ahorros en combustible fósil”.

Igualmente, la  investigación de CIFOR  sugiere que la rehumectación de la turba desecada – medida para evitar las emisiones de carbono por incendios forestales y degradación de la turba – podría elevar los niveles de metano del suelo. En general los aumentos potenciales en las  emisions de metano podrían ser compensados por las reducciones de emisiones de dióxido de carbono, pero se necesita mucho más investigación para cuantificar estas cantidades.

Los formuladores de políticas necesitarán tomar en cuenta el impacto total de los cambios en el uso de la tierra para “evaluar su verdadero impacto” en la atmósfera, explicó Verchot.

“A pesar de que tratándose de turbas y manglares la principal historia es sobre el dióxido de carbono, no debemos subestimar el impacto combinado de los tres gases de estos ecosistemas”.

Este artículo se publicó por primera vez en  Responding to Climate Change  como parte de una serie de historias sobre bosques. Siga los informes de la semana en Twitter vía #ForestWeek y deje su opinión en nuestra página de Facebook.

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