Columna del Director General

Para impulsar la seguridad alimentaria y los recursos forestales se necesita una nueva forma de pensar

La meta de producir suficientes alimentos para una población en crecimiento ha ocupado por mucho tiempo el primer lugar en la agenda política mundial. Pero en la búsqueda de este objetivo, la agricultura se ha expandido en las tierras forestales, creando una serie de problemas ambientales: más del 50 por ciento de los bosques de la tierra han desaparecido, y en la última década se ha perdido anualmente un área de bosques similar al tamaño del estado de Luisiana. Al mismo tiempo, la mitad de los alimentos producidos en el mundo se desperdicia.
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Los bosques han proporcionado alimentos a los seres humanos durante milenios.

Los bosques han proporcionado alimentos a los seres humanos durante milenios.

La meta de producir suficientes alimentos para una población en crecimiento ha ocupado por mucho tiempo el primer lugar en la agenda política mundial. Pero en la búsqueda de este objetivo, la agricultura se ha expandido en las tierras forestales, creando una serie de problemas ambientales: más del 50 por ciento de los bosques de la tierra han desaparecido, y en la última década se ha perdido anualmente un área de bosques similar al tamaño del estado de Luisiana. Al mismo tiempo, la mitad de los alimentos producidos en el mundo se desperdicia.

Ahora enfrentamos un dilema: ¿cómo se puede proporcionar alimentos nutritivos y asequibles a los 9.6 mil millones de personas que vivirán en la tierra en el 2050 sin acelerar la deforestación y el cambio climático, sin destruir la biodiversidad, sin afectar los medios de vida rurales y sin alterar los recursos hídricos? ¿De qué manera pueden la agricultura y la gestión forestal contribuir positivamente al progreso social, económico y ambiental?

Esta es una ecuación difícil de resolver, pero hay razones para ser cautelosamente optimistas. En las últimas décadas se ha logrado 90 por ciento de aumento en la producción de alimentos en tierras agrícolas existentes.  El aumento gradual de las inversiones en el uso sostenible de la tierra puede mejorar aún más la productividad. La deforestación a nivel mundial se está desacelerando en cierta medida y los bosques se están expandiendo en las regiones cuyas economías no son muy dependientes de la agricultura. Hasta el momento, hemos conseguido de la tierra no solamente suficientes alimentos para todos, sino también productos maderables y no maderables. Y con un creciente reconocimiento  de la importancia de los bosques para los servicios del ecosistema, los ingresos y la nutrición, podemos esperar que la gestión de los recursos naturales logre una contribución más amplia al desarrollo sostenible.

Pero primero necesitamos entender exactamente el desafío que plantea la seguridad alimentaria. No tendremos éxito si persistimos en definirla simplemente como una necesidad de producir más calorías. Los 870 millones de personas que no cuentan con suficientes alimentos tienen hambre principalmente porque son pobres—no porque haya escasez de alimentos en el mercado. Producir simplemente más maíz o trigo será finalmente de poca ayuda para estas personas.

El enfoque en la producción de más calorías poco ha contribuido para enfrentar “el hambre oculta”, donde dos mil millones de personas en el mundo presentan deficiencia de micronutrientes.  En Indonesia, país miembro del G20, más de un tercio de todos los niños tienen retraso en su desarrollo físico, debido mayormente a la falta de nutrientes importantes en su alimentación: proteínas, vitaminas y minerales como el hierro. Los subsidios agrícolas en países como los Estados Unidos socavan la agricultura local de las economías emergentes y en desarrollo. Más aun, se consume alimentos de primera necesidad más baratos a costa de una dieta más variada, que incluye alimentos provenientes de los bosques.

Si nuestro objetivo es una mejor nutrición y no solamente más alimentos, la importancia de los bosques entra en juego. Los bosques han proporcionado alimentos a los seres humanos durante milenios. Los alimentos forestales – desde frutos, vegetales y hierbas hasta insectos y carne de animales silvestres – son todavía fuentes vitales de nutrición para cientos de millones de personas, muchas de las cuales se encuentran entre las más pobres del mundo. En la Cuenca del Congo se consume anualmente seis millones de toneladas de carne de animales silvestres  – casi la misma cantidad que la carne exportada desde Brasil. En las áreas rurales de Africa Subsahariana, la alimentación de los niños es más diversa – y la diversidad es un indicador ampliamente aceptado para una buena nutrición – con un aumento en la cobertura forestal.

Los bosques también apoyan la seguridad alimentaria en forma indirecta, manteniendo los recursos hídricos, brindando energía a partir de la madera y ofreciendo un hábitat  para los polinizadores silvestres y los predadores de plagas agrícolas. Los bosques y los árboles refuerzan la capacidad de resistencia de los sistemas de producción de alimentos frente al cambio climático y a la inestabilidad económica, social y política: los estudios han demostrado que las poblaciones rurales en áreas boscosas recurren con frecuencia al bosque para su sustento, cuando la temporada de cultivo – o la situación política local – empiezan a ir mal. La investigación conducida por mi organización y otros autores ha encontrado que 1.4 mil millones de personas generan en promedio 20 por ciento de sus ingresos a partir de los bosques – una red de seguridad crítica, especialmente cuando se pierden las cosechas.

Sin duda, se necesita una nueva dirección para la política que afecta los bosques y la seguridad alimentaria. Los investigadores, los encargados de formular políticas y todos aquellos involucrados, deben ver a los bosques y a la agricultura como inextricablemente vinculados – como las partes de un “paisaje” mayor que abarca no solamente la relación dinámica entre los bosques y las granjas, sino también los factores socioeconómicos, culturales, políticos y de género que lo caracterizan. Los bosques son cuernos de la abundancia en términos económicos y nutricionales, para un cuarto de la población mundial, y apuntalan el suministro mundial de alimentos para el resto de nosotros. Un planteamiento paisajístico elimina los límites sectoriales que confinan nuestro análisis y limitan nuestras soluciones.

El planteamiento paisajístico puede ser algo natural en las comunidades rurales, donde los límites sectoriales son menos notorios y los medios de vida se benefician frecuentemente de una variedad de actividades y donde por ejemplo, las sinergias entre árboles y agricultura pueden ser evidentes.

Un mayor desafío será convencer a las instituciones tradicionales en los sectores de agricultura, conservación y silvicultura, para que busquen soluciones más efectivas y combinadas que satisfagan objetivos múltiples. No ayuda que procesos intergubernamentales, como la Convención sobre Cambio Climático, trabajen dentro de límites sectoriales establecidos. El principal obstáculo podrían ser las barreras institucionales que dividen los bosques y los campos. La alimentación de nueve mil millones de personas y la gestión sostenible de los recursos de los que dependen, requerirá que todos nosotros – científicos, gobiernos, agricultores, expertos en desarrollo – pensemos y actuemos de manera diferente.

El presente artículo se publicó originalmente en Blog World Hunger.

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