Postales del campo: Todo lo que necesitas es una hamaca

Una tarde llegamos a una pequeña granja ubicada al costado de la carretera BR-364, recién pavimentada, en el noroeste del estado brasileño de Acre. Como no podemos hospedarnos en el alojamiento que teníamos previsto, pasamos por la casa de una de las familias que el equipo entrevistó hace tres años para preguntarles si podemos colgar nuestras hamacas en su veranda. La bienvenida es cálida, generosa, auténtica. "Por supuesto, ¡con mucho gusto!", dice Creusa Braga Nascimento, invitándonos a pasar.
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Creusa Braga Nascimento les da la bienvenida a los investigadores de CIFOR con pollo para la cena.

Creusa Braga Nascimento les da la bienvenida a los investigadores de CIFOR con pollo para la cena. Fotografía de Kate Evans/CIFOR

Una tarde llegamos a una pequeña granja ubicada al costado de la carretera BR-364, recién pavimentada, en el noroeste del estado brasileño de Acre.

Como no podemos hospedarnos en el alojamiento que teníamos previsto, pasamos por la casa de una de las familias que el equipo entrevistó hace tres años para preguntarles si podemos colgar nuestras hamacas en su veranda.

La bienvenida es cálida, generosa, auténtica. “Por supuesto, ¡con mucho gusto!”, dice Creusa Braga Nascimento, invitándonos a pasar.

“Es una de las ventajas del trabajo de campo,” dice Kaline Rossi, una joven forestal brasileña que trabajó con el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) en el Estudio Comparativo Global sobre REDD+ (GCS-REDD), un estudio de referencia realizado aquí, en Acre, en 2010.

“Te reciben como parte de la familia y te hacen sentir como en casa. No tienen mucho que comer, pero lo que tienen, lo comparten. Son tan generosos”, cuenta.

“Ellos me han enseñado mucho sobre la vida”.

Este artículo es parte de un paquete multimedia sobre la selva Amazónica. Más información en el siguiente link: blog.cifor.org/es/amazon

Kaline también es de la Amazonía, pero no es una chica de campo. Creció en la capital de Acre, Rio Branco, a cientos de kilómetros de aquí.

“En la ciudad, la gente no tiene mucho tiempo para cuidar de otros; tiene sus actividades y, en realidad, no le importa mucho la conexión con los demás”.

“Pero en el campo es muy diferente, realmente se preocupan por ti”.

“Siempre quieren hablar —del tiempo, de política, del cambio climático—, no en el sentido científico, sino de los cambios ambientales que han observado, así que es una experiencia fantástica conocer gente con la que, de lo contrario, no tenemos contacto durante la vida cotidiana de la ciudad”.

En 2010, como parte del estudio GCS-REDD, Kaline pasó un mes visitando familias y entrevistándolas sobre los avances de las iniciativas de REDD+ en Brasil, viajando por tierra y por río para llegar a las comunidades. Ella es una de las setenta y un jóvenes investigadores de América Latina que han participado en los trabajos de campo en Brasil y Perú de GCS-REDD.

Kaline (a la derecha) habla con familia campesina de Acre; alojarse con las familias de la agricultura es uno de los placeres del trabajo de campo, dice. Fotografía de Kate Evans/CIFOR

Kaline (a la derecha) habla con una familia campesina de Acre; alojarse con las familias de la agricultura es uno de los placeres del trabajo de campo, dice. Fotografía de Kate Evans/CIFOR

Además de realizar encuestas de hogares, los científicos también organizaron reuniones con la comunidad en las que formularon preguntas sobre los medios de vida, los bosques y la economía local a todo el grupo.

También llevaron a cabo una reunión solo para las mujeres.

“Lo habitual en la reunión de la comunidad entera es que solo hablen los hombres”, señala.

“Si podemos juntar a las mujeres solamente, tienden a ser más sinceras y claras, se sienten más libres para hablar de las cosas.

“El encuentro de mujeres fue muy divertido: mujeres hablando entre mujeres, contando chistes e historias, tomando jugo y comiendo frutas juntas”, recuerda.

“Fueron muy amables y tuvimos una excelente relación con ellas. Creo que eso ha mejorado la calidad de la investigación”.

Algo que realmente ayudó a fortalecer la relación con las comunidades, asegura Kaline, es que los científicos prometieron volver y compartir los resultados del estudio con las comunidades. Y cumplieron su promesa.

“Necesitan tener respuestas, tienen que ver lo que está sucediendo, no solo sentir que dan información y que no obtienen nada de ella”, dice.

“Al principio, la gente no estaba muy entusiasmada, porque muchos han recibido a personas en sus hogares —desde el gobierno a otros investigadores— que nunca regresaron.

“Pero una vez que se dieron cuenta de que regresábamos, confiaron más en nosotros, y esto será mejor para los investigadores en el futuro”.

Ahora, Kaline está de vuelta en el campo con la científica Amy Duchelle, de CIFOR, en una visita preliminar antes de que el equipo vuelva a realizar la investigación de seguimiento en septiembre.

En los últimos momentos de luz, nos sacamos la suciedad del día en el estanque de la señora Braga do Nascimento, tratando de no pensar en las anacondas.

Kaline explica que trabajar en el campo la ayuda a cuestionarse qué es realmente importante para ella.

“En el campo, la tablet no es importante, ni el teléfono celular ni la computadora. Lo único que necesitas es una hamaca y una toalla para secarte; con eso basta”, asegura.

“Es un contraste con la vida que vivimos en la ciudad, donde dependes de un auto, de Internet, del aire acondicionado. A veces es bueno mirarte a ti mismo cuando estás en el campo, para ver quién eres en realidad”.

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