Investigación

Degradación: ¿Cuándo un bosque deja de serlo?

A medida que los países evalúan iniciativas para desacelerar la degradación de sus bosques tropicales, surge una pregunta sin respuesta: ¿Qué es exactamente un bosque degradado?
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“Lo que algunas personas califican como bosque degradado, podría no serlo para otras”, dice Manuel Guariguata, investigador principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR). CIFOR/Marco Simola

“Lo que algunas personas califican como bosque degradado, podría no serlo para otras”, dice Manuel Guariguata, investigador principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR). CIFOR/Marco Simola

LIMA, Perú. A medida que los países evalúan iniciativas para desacelerar la degradación de sus bosques tropicales, surge una pregunta sin respuesta: ¿Qué es exactamente un bosque degradado?

Los programas que ofrecen dichas iniciativas, tal como REDD+ (Reducción de las Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación Forestal), iniciativa respaldada por Naciones Unidas, enfrentan el reto de mediciones precisas de la deforestación y la degradación.

Nuevos criterios pueden contribuir a abordar ese problema.

“La dificultad está en que lo que algunas personas consideran como bosque degradado puede no parecerlo para otras”, dijo Manuel Guariguata, investigador principal del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

“Existen cientos de definiciones de degradación forestal, pero no aclaran donde está el umbral para definir lo que está degradado y lo que no lo está”.

Guariguata y sus colegas intentan solucionar el problema con cinco criterios de orientación, que los encargados de la gestión forestal y los planificadores del uso de la tierra pueden usar para evaluar el estado de un bosque y determinar si el uso de sus recursos es sostenible.

Esos criterios son: producción a largo plazo de bienes y servicios forestales; biodiversidad; alteraciones inusuales como fuego o especies invasivas; almacenamiento de carbono y la aptitud del bosque para proteger el suelo. Los criterios recibirán una ponderación diferente dependiendo de las metas de la gestión forestal.

Los investigadores describen los criterios y su forma de medición en el trabajo “An Operational Framework for Defining and Monitoring Forest Degradation” (Marco Operacional para Definir y Monitorear la Degradación Forestal),  publicado en la revista Ecology and Society.

“No hemos creado una definición específica para degradación; nuestro trabajo brinda orientación acerca de la forma en que los planificadores y los encargados de la gestión de tierras pueden aplicar distintas dimensiones de degradación a su propio trabajo”, dijo Guariguata.

Los encargados de la gestión forestal pueden decidir cuáles son los criterios más importantes en sus propias realidades. En muchos casos, pueden usar luego la tecnología de percepción remota,  como imágenes satelitales, para continuar monitoreando el estado de los bosques.

Hacia una definición

La Asociación Colaborativa de Bosques  presentó una definición que relaciona la degradación con la pérdida de bienes y servicios del ecosistema. Sin embargo, a esa definición todavía le faltaba algo para que fuera operativa cuando fuera usada por los encargados de la gestión de tierras. Las cinco nuevas pautas pretenden llenar ese vacío.

Debido a que los bosques almacenan carbono y son una fuente de madera y productos como combustible, frutas y nueces, el primer criterio para medir la degradación es ver cuán eficientes son los bosques en la entrega de esos productos y servicios, dijeron los investigadores.

La aptitud de un bosque para producir madera y leña se juzga por su “madera en pie”- el volumen de todos los árboles de una altura y diámetro determinado. La investigación indica que algunas señales de degradación podrían incluir la disminución de ese volumen a lo largo del tiempo, del número de ciertos tipos de árboles, o una reducción en el aprovechamiento de productos forestales no maderables como frutos o nueces.

El segundo factor es la biodiversidad – que es vital debido a que una amplia gama de plantas, insectos, animales, hongos y otros seres vivos desempeñan funciones cruciales en los bosques tropicales, tales como la dispersión de semillas, polinización, control de enfermedades y descomposición, según los autores.

Estas funciones con frecuencia están directamente relacionadas con el suministro de bienes y servicios de los ecosistemas.

Los encargados de la gestión de tierras pueden medir la biodiversidad monitoreando los cambios en la vegetación y ciertas especies importantes, incluyendo los insectos y las aves. También pueden hacer el seguimiento de la fragmentación del bosque, un tipo de degradación forestal que puede ocasionar la pérdida de hábitat y de especies – animales, aves, insectos y otras criaturas – que dependían de él.

Algunas veces la degradación es más obvia – un bosque puede quedar marcado por incendios excesivos o ser invadido por una planta o insecto exótico que amenaza a las especies nativas. Dichas ‘alteraciones inusuales’, que pueden ser agravadas por el cambio climático, forman el tercer criterio.

Los bosques no son solamente una fuente de productos, sino que también protegen el suelo y mantienen la humedad al regular el flujo de agua en un ecosistema, liberando agua hacia la atmósfera  a través de sus hojas, en un proceso conocido como evapotranspiración, y controlando la manera en que el agua se filtra en el suelo.

Los investigadores designaron la retención de agua como el cuarto criterio y recomendaron el monitoreo de este tipo de degradación midiendo la erosión del suelo y la cantidad de agua.

El quinto criterio para definir la degradación forestal refleja el papel clave que tienen los bosques tropicales en el almacenamiento de carbono, ya que los bosques albergan cerca de la mitad de las reservas de carbono del mundo en árboles vivos, muertos y en el suelo.

La degradación derivada de la fragmentación del bosque, una reducción del tamaño de los árboles o del número de especies en un bosque, puede liberar carbono y limitar su acumulación futura en el bosque. Los investigadores recomendaron monitorear tanto el carbono almacenado como la presencia de especies de árboles de alta densidad, que almacenan la mayor cantidad de carbono encima de la superficie en el bosque.

Para los cinco criterios, la clave del monitoreo reside en contar con una línea base fiable, o nivel de referencia, frente a lo cual se mide la degradación, dijo Guariguata. Aunque la “regla de oro” es un bosque intacto y antiguo, advirtió que los árboles por si solos no forman un bosque funcional.

“Podemos tener un bosque antiguo muy hermoso, pero sin animales debido a la caza excesiva”, dijo. “Desde el punto de vista de la estructura forestal, el bosque no está degradado, pero no hay dispersores de semillas, especies cinegéticas o herbívoras, y eso eventualmente tendrá un impacto en la estructura del bosque”.

Uno de los peligros – y una de las razones por la que los investigadores prepararon criterios para medir la degradación – es que los formuladores de políticas se sientan tentados a descartar cualquier bosque donde haya habido tala u otra actividad, indicando que porque está “degradado” ya no tiene razón de ser.

Eso podría allanar el camino para el despeje de los bosques con el fin de construir carreteras, darles uso agrícola o para otras actividades que amenazan aun más la supervivencia del bosque, dijo Guariguata.

“Existe la percepción de que si uno dice que un bosque está degradado, no es un buen bosque”, dijo Ian Thompson, científico investigador en ecología forestal del Servicio Forestal de Canadá  quien fue coautor del informe. “Si se emplean buenas prácticas de tala para aprovechar la madera, no será igual que un bosque antiguo, pero todavía será un bosque productivo. Quisimos aclarar estos conceptos erróneos y mostrar que la degradación tiene muchas dimensiones”.

En otras palabras, un bosque bien gestionado, considerando todos los criterios, podría servir igualmente como una línea de base, agregó Thompson.

Para mayor información sobre los temas tratados en el presente artículo, sírvase contactar a Manuel Guariguata al correo electrónico m.guariguata@cgiar.org

Este trabajo forma parte del Programa de Investigación de CGIAR sobre Bosques, Arboles y Agroforestería.

 

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Tópicos :   REDD+ Restauración