Investigación

La cadena de comercialización de la madera de bolaina

Aunque no se la considera una especie valiosa, su demanda genera cientos de puestos de trabajo en la Amazonía peruana.
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En Perú, investigadores de CIFOR están estudiando cómo los pequeños productores manejan y comercializan la bolaina de sus purmas. Foto: Ernesto Benavides/CIFOR

En Perú, investigadores de CIFOR están estudiando cómo los pequeños productores manejan y comercializan la bolaina de sus purmas. Foto: Ernesto Benavides/CIFOR

Peru - Nota del editor: Este es el tercero de una serie de artículos sobre investigación realizada por CIFOR acerca del aprovechamiento de bolaina por pequeños productores en la Amazonia peruana. Los primeros dos artículos pueden ser leídos aquí y aquí.

Contamana, Perú — Aunque la bolaina (Guazuma crinita) no es considerada una especie valiosa de madera, su demanda constante como material de construcción de bajo costo genera puestos de trabajo para cientos de personas en la Amazonia peruana.

En Contamana, capital de la provincia de Ucayali en la región amazónica nororiental del Perú, donde los investigadores del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) están estudiando cómo los pequeños agricultores manejan y comercializan la bolaina de sus purmas, varias personas están involucradas en la transformación de los troncos, desde que salen del bosque hasta que llegan al mercado.

El agricultor o pequeño productor deja que las bolainas crezcan en sus purmas. Después de cinco o seis años, los árboles han crecido lo suficiente para talarlos y venderlos, pero el agricultor a menudo carece de los medios para cosecharlos.

A menos que el pequeño agricultor posea una motosierra y otros herramientas, los árboles se venden a un maderero —conocido como bolainero— que los tala y los lleva a un aserradero. La mayoría de los bolaineros montan aserraderos portátiles en el bosque del pequeño propietario para convertir los troncos en tablas.

Generalmente, un bolainero trabaja con un equipo de ocho o nueve personas, armando un campamento en el bosque hasta que culmina el trabajo, para luego entregar la madera o tablillas a un aserradero de la ciudad.

Los bolaineros necesitan efectivo por adelantado para contratar trabajadores, alquilar herramientas, si no tienen las propias, y comprar alimentos y otras provisiones para el campamento. Acuden a un habilitador, quien les adelanta el dinero a cambio de cierta cantidad de madera del bosque. Si el lote rinde más que esa cantidad, el bolainero puede vender el excedente y quedarse con las ganancias.

El habilitador también puede encargarse de los permisos necesarios, ahorrando al pequeño propietario y al bolainero tiempo y problemas.

En algunos casos, el habilitador es un empresario que “tiene una embarcación y conexiones y es conocido como proveedor de madera”, dijo Robin Sears de CIFOR, quien integra el equipo que estudia el manejo y la comercialización de la bolaina en la Amazonia peruana.

En otros casos, el habilitador puede ser dueño de un aserradero que cortará la madera o tablillas entregadas por el bolainero. Algunos operadores de aserraderos emplean sus propios grupos de bolaineros. Un operador de aserradero en Contamana tiene dos grupos y actúa como habilitador de otros, creando puestos de trabajo para más de 100 personas, dijo Sears.

Desde el aserradero, la madera es enviada por río desde Contamana a Pucallpa, una ciudad a orillas del río Ucayali en el oriente peruano, donde se cepilla y se le da forma en un aserradero más grande y se vende localmente o se lleva en camiones cruzando los Andes hasta una ciudad más grande en la costa peruana del Pacífico.

Para más información sobre los temas tratados en este artículo, contáctese con Peter Cronkleton en p.cronkleton@cgiar.org

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Tópicos :   Pequeños productores