Columna del Director General

Para solucionar el problema del clima piense más allá de los bosques. Piense en paisajes.

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Ganadería en Acre, Brasil. La agricultura y la silvicultura climáticamente inteligentes son igualmente importantes para mejorar los medios de vida, fortalecer la resiliencia y reducir las emisiones. Fotografía de Kate Evans / CIFOR.

Ganadería en Acre, Brasil. La agricultura y la silvicultura climáticamente inteligentes son igualmente importantes para mejorar los medios de vida, fortalecer la resiliencia y reducir las emisiones. Fotografía de Kate Evans / CIFOR.

Más de 120 jefes de Estado y decenas de miles de personas se reunieron en Nueva York el pasado septiembre para atraer la atención del mundo sobre el estado de deterioro de nuestro clima y la necesidad cada vez más urgente de actuar al respecto.

Los bosques, por supuesto, son y serán un tema prioritario en la agenda como parte de las negociaciones, los debates y la búsqueda de soluciones. Pero abogar por su inclusión en los acuerdos sobre el clima sin tener una visión más amplia de sus implicancias, debilita los esfuerzos.
Sin los bosques, el cambio climático sería aún más grave de lo que ya es. Los bosques y los árboles regulan el clima y el agua en paisajes de todo nuestro planeta. Protegen los suelos y son fuentes tanto de nutrición como de energía renovable para cientos de millones de personas. Sin estos servicios, nuestros sistemas alimentarios serían extremadamente vulnerables; los pobres, en particular, carecerían de los suministros básicos para su subsistencia. Los bosques también sirven como protección contra los efectos de las enormes emisiones provenientes del uso de combustibles fósiles. Si queremos sobrevivir, necesitamos a los bosques.

Los bosques también desempeñan un papel fundamental en la mitigación del cambio climático y el fortalecimiento de la resiliencia, pero debemos tener cuidado de no centrarnos exclusivamente en los bosques y la silvicultura para la búsqueda de soluciones.

Nuestros bosques maduros y en regeneración han estado almacenando entre 4 y 6 gigatoneladas de carbono por año desde la década de 1990, lo que significa que más de un tercio de las emisiones de combustibles fósiles liberadas a la atmósfera durante los últimos 20 años han sido absorbidas por nuestros bosques. No olvide que los bosques almacenan dos veces más carbono que toda la atmósfera, una amortiguación vital contra los efectos adversos del comportamiento humano actual.

Podemos beneficiarnos aún más de la fotosíntesis de los bosques para contrarrestar los efectos de las emisiones de combustibles fósiles. El Quinto Informe de Evaluación del IPCC sobre la mitigación del cambio climático sugiere que debemos buscar formas más activas para la gestión de los bosques. La ciencia nos recomienda hacer un uso más eficaz de la madera y la fibra, al tiempo que mantenemos la capacidad de este enorme motor de captación activado por el sol. La fotosíntesis de los bosques provee un beneficio en la lucha contra los efectos de las emisiones de combustibles fósiles y este beneficio no debe ser ignorado ni subestimado.

Y a pesar de todo, seguimos degradando los bosques, o convirtiéndolos en tierras agrícolas. Estas actividades reducen significativamente no solo el volumen de almacenamiento de carbono, sino también la prestación de servicios ecosistémicos esenciales para las personas. La iniciativa de REDD+ está diseñada para hacer frente a estos problemas tanto en temas de política y gobernanza, como en la implementación técnica.

Obviamente, los bosques también desempeñan un papel fundamental en la mitigación del cambio climático y el fortalecimiento de la resiliencia, pero debemos tener cuidado de no centrarnos exclusivamente en los bosques y la silvicultura para la búsqueda de soluciones.

Dejemos en claro que es imposible separar la adaptación y la mitigación en los sectores de uso del suelo. Los mismos procesos biológicos que amortiguan los niveles de CO2 en la atmósfera también proporcionan medios de vida, salud y seguridad alimentaria, y fortalecen la resiliencia a los efectos del cambio climático.

Es cierto que siempre habrá efectos compensatorios y debemos ser conscientes de ellos. Abordar el tema del uso del suelo de manera separada podría llevar a una situación en la que los esfuerzos de mitigación socaven los esfuerzos de adaptación, y viceversa.

Por ello, debemos aceptar que la silvicultura y la agricultura, juntas, son parte importante de la solución al problema del clima.

A medida que avanzamos hacia la COP de París, es esencial ver esta conexión en el contexto del acuerdo marco previsto, que podría permitir acciones en diferentes niveles y escalas.

CIFOR y todos los centros de investigación del CGIAR toman muy en serio el desafío del cambio climático. De hecho, para todo el CGIAR, el cambio climático es uno de los temas que definirán nuestra misión para la próxima década, como quedó demostrado en los Diálogos de Desarrollo del CGIAR, el pasado septiembre en Nueva York.

La agricultura climáticamente inteligente es una prioridad en nuestra agenda, como una expresión más de nuestro reconocimiento de que debemos acoger las complejidades del suelo si queremos mejorar los medios de vida, fortalecer la resiliencia y, al mismo tiempo, reducir las emisiones.

La agricultura climáticamente inteligente y el enfoque de paisajes comparten básicamente las mismas ideas en su forma de abordar múltiples objetivos y múltiples grupos de interés, y cada se difunde y acepta más esta lógica. Por el contrario, abogar por temas individuales, puede haber sido útil para la toma de conciencia y la acción política, pero tal vez resulte menos exitoso al ofrecer soluciones concretas para el mundo.

La misma complejidad al trabajar en simultáneo para mejorar los medios de vida, aumentar la resiliencia y reducir las emisiones es también inherente al mecanismo de REDD+, con su necesidad de negociar salvaguardas. En los años transcurridos desde que se introdujo por primera vez en las negociaciones sobre el clima de la ONU, el mecanismo de REDD+ ha evolucionado y madurado. En los niveles técnicos y de gobernanza, estamos listos para aumentar nuestros esfuerzos. Lo que nos hace falta ahora es la voluntad política, especialmente de los países más ricos, para ayudar a implementar el tema financiero.

Esperemos que el Fondo Verde para el Clima brinde el impulso necesario para seguir adelante con el mecanismo de REDD+, que los gobiernos del mundo desarrollado den un paso al frente y contribuyan con capitales para el fondo, y que las innovaciones en los diferentes niveles jurisdiccionales continúen surgiendo y dando resultados.

La Cumbre sobre el Clima de la ONU de este fue una oportunidad para obtener compromisos concretos con el Fondo Verde para el Clima, para continuar con el trabajo sobre el mecanismo de REDD+, y para la agricultura climáticamente inteligente y el enfoque de paisajes —ambos necesarios para enfrentar los desafíos de manera amplia.

Pero también —y tal vez más importante—, la Cumbre sobre el Clima de la ONU fortalece el compromiso político y el espíritu de cooperación, para que podamos llegar a un acuerdo en París el año próximo en beneficio del hombre y el mundo.

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Tópicos :   Conversaciones climáticas Enfoque de paisajes