Entrevista

REDD+ en la práctica: un nuevo libro ofrece información y lecciones de los trópicos

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Las colinas boscosas de la Sierra del Divisor, en Ucayali, Perú. Fotografía cortesía de Diego Pérez.

Colinas boscosas de la Sierra del Divisor, en Ucayali, Perú. Fotografía cortesía de Diego Pérez.

BOGOR, Indonesia — Desde la selva amazónica de Perú y Brasil, hasta la cuenca del río Congo y Tanzania, y hasta Vietnam y el Borneo indonesio, más de 300 iniciativas han surgido en los últimos cinco años a partir de la experimentación con el concepto de REDD+.

REDD+, que significa Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de bosques, es una iniciativa que busca combatir el cambio climático conservando el carbono almacenado en los bosques.

La idea de pagar a las personas en los países tropicales en vías de desarrollo para que protejan sus bosques, generen créditos de carbono y los vendan en un mercado internacional de carbono, cobró protagonismo en la cumbre de la ONU sobre cambio climático de 2007 en Bali.

La idea generó entusiasmo y financiamiento, pero también controversia. Para el año 2009, se empezaron a implementar proyectos piloto de REDD+ en los trópicos.

Un grupo de científicos del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) se fijó la tarea de analizar de manera independiente 23 de estas iniciativas diversas. Las lecciones obtenidas de la primera etapa de la investigación han sido presentadas en un nuevo libro,  titulado REDD+ on the Ground: A Case Book of Subnational Initiatives across the Globe (REDD+ en la práctica: un libro sobre casos de iniciativas subnacionales en todo el mundo).

Los Bosques en las Noticias conversó con Erin Sills, asociada senior de CIFOR y editora principal del libro. A continuación, se presenta una transcripción editada de la entrevista.

¿Qué nos pueden decir sobre REDD+ las historias de estas 23 iniciativas reunidas en un solo libro?

El primer punto es la heterogeneidad de las iniciativas. REDD+ ha sido considerado como algo equivalente a los pagos por servicios ambientales (PSA). Uno vende créditos en un mercado (que aún no existe) y entrega ese dinero a la población local si esta deja de deforestar, proceso que se verifica a través de los sistemas de teledetección.

En la práctica, sin embargo, verdaderamente existe mucha variedad en torno a este tema, y no son muchas las iniciativas que se encuentran dentro del estrecho ámbito de los PSA financiados por un mercado de carbono.

Estas iniciativas reciben financiamiento de diversas fuentes,financiamiento proveniente del carbono, sí, pero también de muchas otras fuentes, reuniendo toda la diversidad de beneficios que se pueden obtener de la conservación de los bosques. Y están aplicando estrategias de todo tipo sobre el terreno para reducir las diversas fuentes de emisiones.

 Requerimos la teoría de REDD+ porque necesitamos que esta funcione a nivel global, pero también tenemos tomar en consideración las lecciones locales de personas que realmente conocen este entorno.

La degradación es un problema realmente importante en Tanzania, así como lo es en las turberas de Kalimantan, en Indonesia. En algunos lugares, la pequeña agricultura es la principal responsable, y en otros se trata más bien de bloquear el ingreso de agentes externos como los criadores de ganado o las empresas productoras de aceite de palma.

Es importante que las personas entiendan esto, mientras pensamos en cuál será el futuro de REDD+. Esta variabilidad refleja lo que los promotores de REDD+ han hecho en respuesta a la perspectiva de conseguir financiamiento para reducir las emisiones producidas por la deforestación.

Partieron del contexto de sus otras preocupaciones sobre la biodiversidad o los medios de vida locales, pasaron a pensar en la mejor manera de lograr este objetivo final de reducir las emisiones, y se les ocurrieron muchas estrategias diferentes.

Y, en mi opinión, probablemente estén en mejor posición de saber qué funcionará sobre el terreno donde operan, que quienes se encuentran creando el concepto de REDD+ en la teoría y en el nivel central.

Requerimos la teoría de REDD+ porque necesitamos que esta funcione a nivel global, pero también tenemos tomar en consideración las lecciones locales de personas que realmente conocen este entorno y que, sobre la base de ese conocimiento, han decidido cuál es la mejor manera de proceder dentro de las limitaciones de la disponibilidad de financiamiento.

¿Y de qué tipo de lecciones está hablando?

Para mí, uno de los objetivos principales de que se escribiera este libro fue documentar muy cuidadosamente lo que está sucediendo en todos estos lugares, qué impacto estamos midiendo, cuáles fueron las condiciones de base para ello. En suma, qué son exactamente estas iniciativas subnacionales de REDD+.

Dado que sabemos que no es solo una cuestión de “vender créditos de carbono y distribuir PSA”, teníamos que documentar muy cuidadosamente lo que han hecho, de modo que ahora podamos pasar a cuantificar los impactos de estos diferentes tipos de intervención.

 Estos ejemplos, y otros más, nos muestran cómo se ha desarrollado el trabajo de los promotores dado el entorno social local, y cómo diseñar flujos de pago que no exacerben las desigualdades locales.

Aún no hemos evaluado los impactos porque recién hemos completado la segunda ronda de recolección de datos, pero lo que tenemos en este libro es una gran cantidad de información sobre el proceso, sobre cómo ha respondido la población local y sobre cómo se les ha involucrado.

Hemos aprendido sobre diversas formas de diseñar instituciones locales, sobre cómo manejar las expectativas y adaptarse a la tenencia local y el entorno social.

Por ejemplo, en la mayoría de las iniciativas en Tanzania, las comunidades acordaron sistemas específicos de distribución de beneficios para los ingresos futuros provenientes del carbono. En algunas de las iniciativas, estos sistemas fueron puestos a prueba mediante pagos piloto. Los sistemas demuestran diferentes maneras de motivar a las personas a modificar su comportamiento con relación al uso del bosque a la par que proporcionan beneficios a la comunidad. En algunos casos, los individuos reciben la mayor parte de los pagos y luego decidir cuánto donar a proyectos comunitarios, mientras que en otros casos, las instituciones de la comunidad reciben la mayor parte de los pagos y la comunidad realiza una votación para decidir cómo utilizar esos fondos.

Así que estos ejemplos, y otros más, nos muestran cómo se ha desarrollado el trabajo de los promotores dado el entorno social local, y cómo diseñar flujos de pago que no exacerben las desigualdades locales.

¿Por qué algunas de las iniciativas descritas en el libro ya no se refieren a sí mismas como “de REDD+”?

En cierto modo, es un síntoma de los problemas con REDD+. No existen suficientes incentivos financieros para superar algunos de los problemas creados por todas las connotaciones y las expectativas que rodean al concepto de “REDD+”. Muchos promotores se preocupan acerca de cómo manejar las expectativas de que REDD+ va a generar mucho dinero por no hacer nada.

La otra perspectiva es que es un ejemplo de cómo estas iniciativas subnacionales están conduciendo a la innovación, a cosas tal vez más grandes y mejores, como, por ejemplo, colaborar con un gobierno para crear una estrategia de desarrollo baja en carbono destinada a ser más amplio alcance y de más largo plazo que una iniciativa discreta de REDD+. Por ejemplo, dos iniciativas que cubren municipios enteros en la Amazonia brasileña —Cotriguaçu y São Felix de Xingu— han avanzado en esta dirección.

¿Estos ejemplos nos dicen algo sobre el futuro de REDD+ y sobre cómo podría evolucionar en adelante?

Estos promotores han hecho un gran trabajo dirigiendo procesos de REDD+, pero muchos de ellos están lidiando para pasar de la etapa piloto a la implementación real a largo plazo, debido a la incertidumbre acerca de financiamiento que proviene de la falta de avances para lograr un acuerdo global vinculante sobre la mitigación del cambio climático.

Esto tal vez sea particularmente cierto en el caso del concepto original de REDD+ de dar a la gente incentivos basados en el desempeño o condicionales para reducir la deforestación. Los promotores de REDD+ dudan sobre hacer promesas y ciertamente no quieren celebrar ningún contrato, porque no ven que haya una fuente de financiamiento de largo plazo para estos incentivos. Y no pueden avanzar mucho en tales condiciones sin poder celebrar un compromiso contractual de largo plazo.

 Independientemente de la arquitectura internacional para REDD+, se deben implementar intervenciones para reducir la deforestación a nivel local.

Así que esto es algo que estamos aprendiendo: que pueden hacer mucho, que ya han hecho mucho, pero que no pueden hacer más; a menos que la comunidad global se haga presente y entregue el dinero. Se trata fundamentalmente de un bien público global, así que tenemos que pagar por él.

La otra lección es que si la comunidad mundial se hace presente con el financiamiento, creo que podemos esperar ver una diversidad de enfoques provenientes de organizaciones locales, adaptadas a la medida de sus diferentes contextos locales.

Independientemente de la arquitectura internacional para REDD+, se deben implementar intervenciones para reducir la deforestación a nivel local, en lugares específicos, en colaboración con partes interesadas específicas. Estas iniciativas demuestran que hay una variedad de formas de abordar este tema. La siguiente etapa de nuestra investigación evaluará la eficaciapara el carbono y para los cobeneficios de esta diversas estrategias.

Si REDD+ se quedara en el camino, ¿aún valdrían la pena las lecciones aprendidas en este amplio e intensivo proyecto?

Por supuesto. Esa es una ventaja de la gran heterogeneidad de las intervenciones. Hacen más compleja la evaluación de impacto, pero también más útil para los esfuerzos de conservación y de desarrollo sostenible más allá de REDD+.

Muchas de las intervenciones son similares a las que se habrían implementado sin REDD+, y lo que el financiamiento de carbono o de REDD+ ha hecho es permitir a los promotores continuar con intervenciones que podrían haber sido interrumpidas sin ese financiamiento adicional, o expandirse a nuevas áreas.

Estos promotores, que han sido nuestros colaboradores en este estudio, realmente han puesto lo mejor de sí tratando de hacer que estas iniciativas funcionen sobre el terreno.

Así que mientras haya financiamiento para la biodiversidad y de manera más amplia para los servicios ecosistémicos, habrá lecciones que extraer de este estudio y de iniciativas subnacionales de REDD+, que serán aplicables en intervenciones de diverso tipo.

Estos promotores, que han sido nuestros colaboradores en este estudio, realmente han puesto lo mejor de sí tratando de hacer que estas iniciativas funcionen sobre el terreno, con el objetivo explícito de dirigir, y demostrar, cómo podrían funcionar diversas intervenciones.

Así que parte de lo que esperamos que este libro haga es difundir esa información, contar al mundo sobre lo que han hecho, y ayudarlos a cumplir con su misión de probar REDD+ y generar lecciones acerca de cómo esta podría funcionar en la práctica.

 Para obtener más información sobre este libro, por favor póngase en contacto con Erin Sills en sills@ncsu.edu o William Sunderlin en w.sunderlin@cgiar.org.

El Estudio Comparativo Global de CIFOR sobre REDD+ cuenta con el apoyo de la Agencia Noruega de Cooperación para el Desarrollo (NORAD), el Departamento Australiano de Asuntos Exteriores y Comercio (DFAT), la Unión Europea (UE), el Reino Unido y el Programa de Investigación de CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería, con apoyo financiero del Fondo CGIAR.

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Tópicos :   REDD+