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Cambios globales y cambio climático alteran los medios de vida y la seguridad alimentaria en la Amazonía

Cada vez más, los indígenas amazónicos ven sus medios de vida puestos a prueba por la globalización y el cambio climático.
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LIMA, Perú — En una aldea indígena en lo profundo de la selva amazónica, una familia despeja una pequeña parcela del bosque, siembra yuca u otros cultivos por un par de años, y luego se muda a otro lugar, dejando la parcela en manos del bosque.

“Roza y quema”, como se le llama a veces, es una técnica de cultivo que, como se ha demostrado, ha dado sustento a los habitantes del bosque durante miles de años, proporcionándoles una dieta variada y saludable con bajo impacto ambiental.

Pero los cambios globales y el clima están amenazando tanto el estilo de vida tradicional como la seguridad alimentaria de los habitantes del bosque, señaló Lars Løvold, asesor especial para la Rainforest Foundation Norway, en el Global Landscapes Forum en Lima.

El Global Landscapes Forum 2014 fue organizado por CIFOR, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Más de 1.700 personas de 90 países asistieron al evento celebrado en el marco de la conferencia anual de la ONU sobre cambio climático, incluyendo negociadores nacionales sobre el clima, ministros, directores ejecutivos, líderes indígenas, líderes de la sociedad civil e investigadores.


  • Para más noticias, investigación y análisis relacionados con el Global Landscapes Forum, ingrese a blog.cifor.org/lima.

 

UN SISTEMA INTEGRADO

En los bosques tropicales de todo el mundo, las dietas de los pueblos indígenas combinan los cultivos de sus parcelas con pescado, caza, frutas, nueces y plantas silvestres.

“La flexibilidad es clave para vivir bien en el bosque tropical”, dijo Løvold. “El bosque y el campo son un sistema integrado. Cada uno complementa al otro”.

La gente planta cultivos en lugares donde la vegetación natural indica que hay un suelo adecuado, dijo. Debido a que tales lugares se encuentran dispersos por todo el bosque, la comunidad requiere de un área grande.

Pero la Amazonia, rica en recursos, cada vez más es un imán para las explotaciones agrícola y granjas industriales, así como para las empresas en busca de madera, petróleo,  gas, y minerales. Los funcionarios gubernamentales que otorgan las concesiones a menudo asumen que la baja densidad poblacional significa que la tierra está deshabitada, sobre todo si no se encuentra titulada. Como consecuencia de ello, los pobladores indígenas son empujados fuera de sus tierras originales  o confinados a áreas que, aunque tal vez estén tituladas, son demasiado pequeñas para sostener sus métodos de cultivo tradicionales. Como la tierra escasea, no pueden permitir que los campos “descansen” entre cultivos durante tanto tiempo como solían hacerlo, lo que disminuye la fertilidad del suelo y la productividad.

Los estilos de vida tradicionales están cambiando también por otras razones. Hace tan solo unas décadas, una aldea completa podría haberse mudado si sus habitantes necesitaban mejores tierras. Pero ahora los pobladores son más sedentarios y eligen quedarse cerca de escuelas, centros de salud u otros servicios, dijo Løvold.

Eso les crea una necesidad de obtener ingresos, pero producir cultivos comerciales es difícil para personas que están lejos de los mercados y cuya economía se orienta a la subsistencia, no a ganar dinero.

UN HORIZONTE LEJANO

En lo profundo de la Amazonia, algunas aldeas han convertido esa lejanía en una ventaja.

Varias tribus del Parque Indígena Xingu, un área de 26 mil kilómetros cuadrados en el estado brasileño de Mato Grosso, habitada por unas 5 mil personas pertenecientes a 16 grupos étnicos distintos, venden miel que no tuvo problemas en recibir la certificación orgánica, pues proviene de colmenas que se encuentran muy lejos de cualquier pesticida químico, señaló Løvold.

Los pobladores baniwa del Alto Río Negro, en el estado brasileño de Amazonas, venden ají en polvo que producen a partir de algunas de las decenas de variedades que crecen en su territorio, y que está dirigido a compradores de lujo en las ciudades, dijo.

 Todo lo que producen se vende de inmediato.

“Cuando el espacio es limitado, se requiere un sistema agroforestal”, dijo Løvold, cuya organización trabajó con comunidades de 1991 a 2004 para revitalizar los suelos degradados mediante la adición de materia orgánica, e introduciendo la rotación de cultivos y los abonos verdes.

“Es totalmente posible hacerlo, con un poco de esfuerzo adicional”, dijo. “Todo lo que producen se vende de inmediato”.

Pero el esfuerzo de los pueblos forestales por sí solo no es suficiente. También se necesitan políticas gubernamentales para proteger los bosques, mantener los servicios ecosistémicos y “agradecer” a las personas que mantienen el bosque, dijo Løvold, quien brindó  dos ejemplos.

En primer lugar, deben respetar los derechos de las comunidades a las tierras comunales y facilitar el consentimiento libre, previo e informado cuando el gobierno o las organizaciones no gubernamentales ponen en marcha proyectos de desarrollo que podrían afectar a las comunidades indígenas.

Los funcionarios también deben “dejar de satanizar a los agricultores itinerantes” y reconocer la racionalidad y los beneficios de su práctica, dijo.

“Los cultivos itinerantes son el único sistema agrícola con demostrada compatibilidad a largo plazo con el bosque tropical”, dijo Løvold.

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Tópicos :   Bosques y medios de vida Bosques y dietas Bosques y Desarrollo