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Pastores tradicionales se enfrentan a un futuro incierto

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Niño masái en Kenia. Con mayor frecuencia, las rutas de pastoreo tradicionales de los pastores masái de África oriental son bloqueadas por inversionistas de tierras. Fotografía: Tim Cronin / CIFOR.

Niño masái en Kenia. Con mayor frecuencia, las rutas de pastoreo tradicionales de los pastores masái de África oriental son bloqueadas por inversionistas de tierras. Fotografía: Tim Cronin / CIFOR.

Africa - LIMA, Perú — Los pastores africanos, que tradicionalmente trasladan ganado de un lugar a otro siguiendo los suministros estacionales de forraje y agua, encuentran con mayor frecuencia sus antiguos caminos bloqueados por especuladores e inversionistas de tierras, señalan expertos.

En otros rincones del mundo, problemas similares afectan a la población indígena que practica la rotación de cultivos en los bosques, despejando pequeñas parcelas de tierra para plantar cultivos durante varios años y luego trasladarse a un área diferente y permitir que el bosque ocupe las tierras nuevamente.

Las lenguas, conocimientos tradicionales y creencias de los 370 millones de indígenas del mundo son invaluables para la gestión sostenible de los recursos naturales y para la seguridad alimentaria, señaló Susan Braatz, funcionaria forestal senior de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, durante una mesa redonda durante el Global Landscapes Forum 2014 en Lima, Perú.

El foro fue organizado por el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Convocado en el marco de la conferencia anual de la ONU sobre cambio climático, el foro reunió a más de 1.700 personas de 90 países, entre negociadores nacionales del clima, ministros, directores ejecutivos, líderes indígenas, líderes de la sociedad civil e investigadores.

En Tanzania, los pastores masái tienen una larga tradición de pasar de un ecosistema a otro, dijo Edward Porokwa, un abogado de la Corte Suprema de Tanzania.

Sin embargo, aunque al menos el 10% de la población del país tiene alguna relación con el pastoreo, contribuyendo con aproximadamente el 13% del PBI de Tanzania, la política gubernamental no apoya esta práctica y los funcionarios preferirían erradicarla, añadió Porokwa.

Algunos pastores han sido trasladados a ranchos, en experimentos que en gran medida han fracasado debido a que ellos han perdido el acceso a la variedad de ecosistemas que tradicionalmente empleaban, dijo.

Los pastores trasladan sus rebaños y manadas para aprovechar la variedad del paisaje, donde las piedras de sal se encuentran en algunas zonas, el pasto en otras y el agua en otros lugares más, dijo. Esa movilidad permite mantener a los animales, la recuperación de las tierras de pastoreo y que los animales domésticos compartan pastizales con la vida silvestre.

PASTORES EN MOVIMIENTO

Los bosques también son importantes. Debido a que los ñus son portadores de enfermedades que pueden infectar al ganado, los pastores lo trasladan a los bosques periódicamente para evitar infecciones.

 El cambio climático es una realidad para todos, pero es más grave para los pueblos indígenas.

Pero esa movilidad se ve cada vez más restringida por especuladores e inversionistas de tierras, quienes compran propiedades en áreas tradicionalmente utilizadas por los pastores, plantando cultivos y construyendo cercas para mantener fuera a sus animales. La expansión urbana causada por crecimiento de la población limita aún más el acceso a la tierra.

Con menos disponibilidad de buena hierba y agua, los animales domésticos sufren más cuando se producen sequías u otros desastres, dijo Porokwa. Durante esos años, los pastores pueden pasar hambre.

“El cambio climático es una realidad para todos, pero es más grave para los pueblos indígenas”, dijo.

Las tasas de pobreza son por lo general más elevadas entre los pueblos indígenas que en otros grupos, y los pobres a menudo tienen poca o ninguna voz en lo que respecta a las leyes y normas que los afectan, dijo Braatz.

Irónicamente, muchos tratados de las Naciones Unidas, de la Organización Internacional del Trabajo y de la FAO están diseñados para salvaguardar los derechos de los pueblos indígenas, pero a menudo no se traducen en leyes y políticas nacionales o locales, añadió.

Señaló que los gobiernos deben reconocer las reclamaciones de los pueblos indígenas a la tierra y salvaguardar su derecho a la autodeterminación, y que los proyectos de desarrollo que afecten a esas comunidades deben realizarse únicamente con su consentimiento libre e informado.

Según Braatz, debido a que la pérdida de prácticas ganaderas tradicionales podría causar la descomposición de estructuras comunitarias, los gobiernos deberían alentar a las poblaciones indígenas a participar plenamente en la gestión de la tierra y en las decisiones acerca de la tenencia de tierras.

En lugar de ver a las comunidades tradicionales como obstáculos para el desarrollo, deberían ser reconocidas por el conocimiento y las prácticas que contribuyen a la seguridad alimentaria, dijo Braatz.

“Los pueblos indígenas”, dijo, “tienen una relación especial con la tierra y con su territorio, que es importante para su supervivencia física y cultural”.

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