Investigación

El Océano Atlántico guarda la clave para la lluvia en la Amazonia occidental

Investigadores descubren causas principales de las sequías y los incendios en la Amazonía.
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Un nuevo estudio que evalúa los factores que inciden en la cantidad de lluvias en la Amazonia es un primer paso important para entender los patrones de incendios y sequías. Foto: cortesía de pixabay

Un nuevo estudio que evalúa los factores que inciden en la cantidad de lluvias en la Amazonia es un primer paso importante para entender los patrones de incendios y sequías. Foto: cortesía de pixabay

Amazon - En 2010, una serie de incendios catastróficos devastaron grandes extensiones de la Amazonia occidental, una región de bosque tropical que hasta hace pocos años se consideraba fuera del alcance de sequías graves.

Estos fuegos ocurrieron años después de los grandes incendios de 2005, también causados por una sequía extrema.

Ambos desastres pusieron en peligro a varias comunidades y sus medios de vida, y liberaron enormes emisiones de carbono a la atmósfera.

Con cada fuego destructor, los bosques de la Amazonia occidental se vuelven más vulnerables a secarse y a más incendios.

Y ese es un gran problema, afirma Lou Verchot, uno de los autores de un nuevo estudio y director del Programa de Investigación sobre Bosques y Medio Ambiente en el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

“Muchas iniciativas de mitigación del cambio climático implican la eliminación del dióxido de carbono de la atmósfera y su almacenamiento en la superficie, en árboles y bosques. Existen muchas iniciativas para restaurar bosques degradados o ampliar sistemas agroforestales como medidas para la captura de carbono, por ejemplo”, señala.

El fuego constituye un riesgo enorme para estas inversiones. Un solo incendio puede acabar con el trabajo de una década o más. Si logramos predecir los riesgos de incendio, podremos incluir estos elementos en los programas de captura de carbono y mejorar sus resultados

“El fuego constituye un riesgo enorme para estas inversiones. Un solo incendio puede acabar con el trabajo de una década o más. Si logramos predecir los riesgos de incendio, podremos incluir estos elementos en los programas de captura de carbono y mejorar sus resultados”.

COMPLETANDO EL ROMPECABEZAS

Verchot, junto con otros científicos de CIFOR y el Instituto Internacional de Investigaciones para el Clima y la Sociedad (IRI, por sus siglas en inglés), han descubierto que parte de la solución puede encontrarse a miles de kilómetros de distancia de la Amazonia occidental, en el Océano Atlántico.

La cantidad de precipitaciones que se producen durante la estación seca se puede predecir a partir de las temperaturas de la superficie del mar en el océano Atlántico durante los meses previos, según un estudio llevado a cabo en 2011.

“Las sequías de 2005 y 2010 fueron muy peculiares. Fueron sumamente intensas […] así que empezamos a investigar la influencia del Océano Atlántico”, comenta Kátia Fernandes, autora principal del estudio.

“Analizamos la frecuencia de eventos de sequía durante una década y hallamos que la mayor frecuencia de sequías, o de años secos, se relaciona con patrones oceánicos”, dice Fernandes.

El patrón oceánico en cuestión es la calidez relativa del Océano Atlántico Norte frente al Océano Atlántico Sur.

Cuando el océano del norte es más cálido, la Zona de Convergencia Intertropical, un conjunto de nubes que se extiende a lo largo del ecuador y contiene humedad, es desplazada hacia el norte, lejos de los bosques tropicales, lo que reduce el volumen de humedad transportado desde el Atlántico hasta el continente.

Eso se traduce en menos lluvias en la Amazonia occidental.

Lo que recién se está empezando a apreciar plenamente —gracias al estudio de CIFOR— es hasta qué punto los ciclos decenales (ciclos de diez años de duración) de las temperaturas del mar están sincronizados con la cantidad de precipitaciones durante la estación seca en la Amazonia occidental.

Mediante el uso de técnicas estadísticas, los investigadores pudieron cuantificar la relación entre los ciclos decenales de la temperatura del mar y las precipitaciones en la Amazonia occidental.

Los resultados muestran una elevada probabilidad de ocurrencia (66 por ciento) de tres o más años secos por década durante la estación seca, cuando el Océano Atlántico Norte es más cálido que el Sur. La relación también funciona a la inversa, con una probabilidad de 77 por ciento de tener tres o más años de lluvia por década cuando el Atlántico Sur es el más cálido.

Durante la última década, el Atlántico Norte ha sido el más cálido de los dos océanos, lo cual, según Fernandes, probablemente “agravó la severidad” de por lo menos la más reciente sequía en la Amazonia occidental.

CIENCIA PARA TOMADORES DE DECISIONES

Tratar de comprender mejor los factores que influyen en las precipitaciones de la Amazonia occidental no se hace únicamente con el fin de obtener datos más precisos. Como señala Fernandes, para los tomadores de decisiones puede ser difícil abordar los hallazgos de los modelos climáticos o hidrológicos que se centran en tendencias de largo plazo y hacen previsiones para “finales del siglo XXI”.

Lou Verchot dice que los científicos corren el riesgo de enfrentar “un problema de relevancia” si se proyectan demasiado lejos en el futuro.

Las sequías de 2005 y 2010 fueron muy peculiares. Fueron sumamente intensas. Nos fijamos en la frecuencia de eventos de sequía a lo largo de una década y hallamos que la mayor frecuencia de sequías, o años secos, se relaciona con patrones oceánicos

“La gente invierte en actividades de uso de la tierra con la expectativa de obtener beneficios durante algunas décadas, por lo que los problemas de aquí a 100 años no son particularmente relevantes”, dice.

“Con este estudio, mostramos que es posible evaluar los riesgos climáticos para las inversiones en escalas de tiempo consistentes con las decisiones de inversión. De esta manera, los inversionistas pueden utilizar esta información para reducir sus riesgos y mejorar el rendimiento de sus empresas”.

En el caso de la Amazonia occidental, Kátia Fernandes cree que existe un potencial desaprovechado para predecir mejor la probabilidad de condiciones de estación seca en el futuro, en los mismos ciclos decenales.

Un resultado alentador del estudio es que los modelos climáticos globales utilizados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ya pueden reproducir, o incorporar, la relación entre las temperaturas del Océano Atlántico y las precipitaciones amazónicas en una escala de décadas.

“Es algo que no se había estudiado antes”, señala. “Hemos logrado demostrar que los modelos climáticos globales son capaces de reproducir bastante bien este nexo”.

Ese resultado puede ser sorpresivo, dado que estos modelos fueron diseñados con un propósito totalmente distinto: simular la respuesta de la atmósfera a concentraciones crecientes de gases de efecto invernadero.

Pero es una grata sorpresa, y para Fernandes es un indicador de que los modelos climáticos globales diseñados (o refinados) para explicar el fenómeno de los ciclos decenales “podrían darnos una predicción fiable de la frecuencia de los eventos de sequía en la Amazonia”.

A la luz del daño que otras sequías e incendios podrían causar en la región, esa capacidad de predicción parece ser un objetivo muy útil.

“Pienso que este trabajo es particularmente valioso porque nos ayuda a introducir la gestión de riesgos en acciones de mitigación basadas en la tierra”, dice Verchot.

“Sienta las bases para una nueva manera de aproximarse a la adaptación al cambio climático”.

Para obtener información sobre el trabajo de CIFOR sobre la Amazonia occidental, póngase en contacto con Lou Verchot en l.verchot@cgiar.org.

Para obtener información adicional sobre esta investigación, póngase en contacto con Kátia Fernandes en katia@iri.columbia.edu.

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