Discurso

La meta mundial de deforestación cero ¿Estamos avanzando?

La Declaración de Nueva York sobre los Bosques 2014 se fijó una meta audaz: un mundo sin deforestación. Un año después ¿Hay algún avance? Expertos analizan.
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La Declaración de Nueva York sobre los Bosques 2014 se fijó una meta audaz: un mundo sin deforestación. Pero no estableció un plan que indicara cómo lograrlo.Foto CIFOR.
La Declaración de Nueva York sobre los Bosques 2014 se fijó una meta audaz: un mundo sin deforestación. Pero no estableció un plan que indicara cómo lograrlo.Foto CIFOR.

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Hace un año, durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Clima celebrada en Nueva York, 30 gobiernos nacionales, 50 empresas privadas, junto a un grupo de organizaciones no gubernamentales y pueblos indígenas suscribieron la , un acuerdo cuyo objetivo es reducir la deforestación a la mitad para el año 2020 y eliminarla por completo en 2030.

En los últimos 12 meses, los gobiernos, las ONG y las empresas han tratado de encontrar respuestas a muchas de las preguntas que la declaración dejó pendientes.

“Este compromiso es muy reciente, pero durante el último año se ha realizado un trabajo importante para abordar varios de los problemas de implementación”, explica Steven Lawry, director del Programa de Gobernanza y Bosques del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

Pero ¿Qué significa exactamente “deforestación cero”? Algunos sostienen que el compromiso debería apuntar a una “deforestación cero bruta”, lo que significa que ningún área forestal sea talada para dar paso a un producto, como el aceite de palma, el papel y la celulosa, la carne de vaca o la soya.

Otra alternativa es la “deforestación cero neta”, en la que las empresas pueden talar bosques, pero deben compensar sus acciones plantando o restaurándolos en otro lugar.

El sector privado será clave para alcanzar una meta de deforestación cero"

Steven Lawry

“Aunque este enfoque podría tener sentido desde una perspectiva de paisaje, la tendencia principalmente es a la deforestación cero bruta, entre otras razones porque es más simple. Pero algunos compromisos planean llegar más lejos añadiendo la restauración al paquete”, afirma Romain Pirard, científico sénior de CIFOR.

Pero el tema es mucho más complejo. Una vez que los forestales se ponen de acuerdo sobre las normas, se enfrentan a la tarea monumental de hallar una manera de implementarlas; y debido a que el desarrollo en áreas forestales es clave para el crecimiento económico en muchas zonas pobres, todo proyecto dirigido a reducir la deforestación también debe considerar los medios de vida de la población local.

 UN ARMA DE DOBLE FILO

La disyuntiva puede ejemplificarse en el caso de  Indonesia —el principal proveedor de aceite de palma y el país con las mayores tasas de deforestación en el mundo— donde esta tensión ha llevado a una resistencia por parte del Gobierno nacional, preocupado por cómo la protección de los bosques afectará tanto a la economía del país como a sus habitantes más pobres.

“Una gran cantidad de distritos y subdistritos de Indonesia son aún muy pobres. No cabe duda de que estas plantaciones son una forma eficiente para que el gobierno ejecute inversiones en la zona”, señala Sophia Gnych, investigadora asociada de CIFOR.

“Las plantaciones proporcionan carreteras y empleo, y en algunos casos escuelas, electricidad e infraestructura para el cuidado de la salud”, prosigue. “Hay pocas alternativas para esas comunidades si no se les permite el desarrollo de sus zonas”.

Así entonces, aunque el gobierno nacional de Indonesia suscribió la Declaración de Nueva York, junto con los gobiernos provinciales de Aceh y Kalimantan Central y Occidental, se ha opuesto a los esfuerzos que buscan poner fin a las plantaciones de aceite de palma no sostenibles. Incluso no hace mucho, funcionarios gubernamentales de alto nivel criticaron un pacto conocido como el Compromiso de Aceite de Palma de Indonesia (IPOP, por sus siglas en inglés) por operar al margen de la autoridad gubernamental y causar un daño potencial a los pequeños agricultores.

El Gobierno nacional continúa realizando nuevos esfuerzos para respaldar a la industria del aceite de palma, incluyendo el aumento de la cuota de mezcla de biodiésel (a 15%) y su apoyo mediante subsidios.

“Por un lado, el Gobierno está creando políticas de apoyo a la industria, que casi en un 50% se compone de pequeños agricultores”, dice Gnych , “mientras los compromisos parecen estar tratando de socavarla”.

“Las partes interesadas aún no se ponen de acuerdo. No se han establecido definiciones y metodologías para lograr una producción sostenible de aceite de palma, por lo que el discurso es muy antagónico. La gente está muy preocupada por el impacto que esto tendrá en los pequeños agricultores. Creo que el Gobierno necesita ver un plan de acción claro y socialmente justo que no sea una amenaza para los ingresos públicos procedentes de la industria o el desarrollo rural”, explica Gnych.

 EL PODER DEL CONSUMIDOR

Pero aunque la voluntad política se encuentre obstaculizada, el mercado mundial se está orientando firmemente a apoyar  un desarrollo más sostenible.

“El sector privado será clave para alcanzar una meta de deforestación cero”, dice Lawry.

Un mayor deseo de los consumidores por bienes producidos de manera responsable, junto con la acción de las ONG contra las empresas con malas prácticas, ha hecho que los inversionistas se muestren cautelosos de financiar proyectos que carezcan de conciencia social y ambiental.

La cambiante arquitectura de la gobernanza forestal mundial está siendo impulsada por estos compromisos empresariales”

Steven Lawry

Eso significa que el mercado para las inversiones sostenibles sigue creciendo. En 2014, llegó a USD 21,4 billones, frente a USD 13,3 billones en 2012, según Lawry. Ese crecimiento proporciona un fuerte incentivo para que las empresas suscriban compromisos como la Declaración de Nueva York, y para que mantengan sus promesas hasta el final.

“Es un nuevo comienzo”, dice Lawry. “La cambiante arquitectura de la gobernanza forestal mundial está siendo impulsada por estos compromisos empresariales”.

Volviendo al caso de Indonesia, la creación del IPOP que también se produjo durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Clima, representó un gran cambio para el mercado de aceite de palma de ese país. Las empresas internacionales que lo suscribieron, comprometiéndose a producir aceite de palma sin destruir los bosques ni violar los derechos humanos, representan el 80 %  de la producción comercial de aceite de palma de Indonesia. Esto les da un gran poder para cambiar la forma en que el aceite de palma es producido.

Ese compromiso, junto con la Declaración de Nueva York y la Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible (RSPO, por sus siglas en inglés), proporcionan un fuerte apoyo para avanzar hacia productos elaborados de manera más sostenible. Pero también dan lugar a un complejo conjunto de objetivos que requieren ser integrados para que la meta deforestación cero sea alcanzada.

“La diversidad de normas e ideas en torno a lo que debería ser una producción sostenible hacen todo mucho más difícil”, agrega Gnych. “Una clara definición operativa de producción sostenible en relación con la deforestación es algo que debe ser debatido y resuelto”.

Steven Lawry es Director del Programa de Bosques y Gobernanza de CIFOR. Póngase en contacto con él en s.lawry@cgiar.org

Romain Pirard es  científico sénior en e CIFOR. Póngase en contacto con él en r.pirard@cgiar.org

Sophia Gnych es Consultora de CIFOR. Póngase en contacto con ella en s.gnych@cgiar.org

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