Opinan los expertos

Deforestación cero: Un problema complejo, tres grandes retos

¿Cómo detener la deforestación, aumentar los beneficios para los pequeños agricultores y satisfacer la demanda del mercado?
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La ganadería es uno de los principales impulsores de la deforestación en Brasil. Fotografía de Pablo Pacheco (CIFOR)
La ganadería es uno de los principales impulsores de la deforestación en Brasil. Fotografía de Pablo Pacheco (CIFOR)

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Para lograr la deforestación cero, deben forjarse nuevos vínculos entre diferentes niveles del gobierno, el sector privado y la sociedad civil. Pero para actuar sobre los compromisos del sector privado, primero se necesita desenmarañar los sistemas de incentivos y las regulaciones que refuerzan viejos modelos.

La producción de carne de res y la de soya son las principales causas de deforestación en Brasil, y la expansión de la palma aceitera amenaza los bosques y turberas de Indonesia. Estos dos países tienen las áreas forestales más grandes del mundo, y también presentan las mayores pérdidas de bosque en los últimos cinco años.

Poderosos grupos industriales y de múltiples partes interesadas, que tienen una amplia base de suministro en Brasil e Indonesia, firmaron la Declaración de Nueva York sobre los Bosques en 2014, comprometiéndose a lograr que sus cadenas de suministro estén libres de deforestación para el año 2030. El Gobierno de Indonesia firmó la declaración; el de Brasil no lo hizo, pero sí algunos de sus gobiernos subnacionales.

Añádase a esto el Compromiso Indonesio sobre el Aceite de Palma, el Manifiesto del Aceite de Palma Sostenible y las políticas corporativas anunciadas por empresas de bienes de consumo para ayudar a eliminar la deforestación ocasionada por la soya, el aceite de palma, la carne de res y la celulosa y el papel.

Todos están tratando de cumplir con tres retos interconectados: terminar con la deforestación al mismo tiempo que se protegen los derechos de tenencia locales de los pequeños propietarios y se satisface la creciente demanda interna y mundial por estos productos.

Es aquí donde las cosas se complican.

El alcance de estos compromisos, combinado con los objetivos de mantener la oferta en expansión, revela los retos que enfrentan las empresas y los gobiernos, tanto en Brasil como en Indonesia.

Las empresas están confiando en compromisos voluntarios que ponen una presión creciente sobre los proveedores para detener la tala de los bosques, mientras que los gobiernos se están centrando en políticas para reducir la deforestación y proteger los derechos de tenencia locales, como las ya adoptadas a finales de 2000 para cumplir con los requisitos de REDD+.

ESFUERZOS PÚBLICO-PRIVADOS EN BRASIL

En Brasil, los planes para reducir la deforestación se aplican desde 2005, dirigidos a cambiar los incentivos económicos a favor de la deforestación y mejorar el cumplimiento de las leyes ambientales existentes.

Alrededor del 60% de las tierras deforestadas en la Amazonia brasileña son dedicadas a pastos para la producción de ganado, principalmente por ganaderos de mediana y gran escala. Aproximadamente el 20% de las manadas de ganado se encuentran en tierras de pequeños propietarios.

En el sistema actual de Brasil, los propietarios de tierras se comprometen voluntariamente a proteger o restaurar sus reservas forestales legales o áreas de preservación permanentes con el fin de evitar sanciones y poder vender sus productos a la industria.

El sector privado tuvo un papel importante para que esto fuera posible. Cuando los supermercados comenzaron a suspender los contratos con los proveedores vinculados a la deforestación de la Amazonia en 2009, la industria de la carne a su vez puso presión sobre los propietarios de tierras para que cumplieran con las políticas ambientales del gobierno, lo que trajo como resultado compromisos voluntarios para suministrar “carne de res legal” mediante un acuerdo ganadero.

Y una moratoria de soya establecida en 2006 en el Estado de Mato Grosso ayudó a limitar la expansión de soya a tierras que ya habían sido convertidas en pastizales, aunque esto creó tierras fronterizas.

Como resultado de estas diversas acciones, las tasas anuales de deforestación en la Amazonia brasileña se redujeron en 77% entre 2004 y 2011, y se han estabilizado desde 2010 en 5.000-7.000 kilómetros cuadrados por año.

Pero mientras que la deforestación de propietarios de tierras de mediana y gran escala se ha reducido, esta persiste en los minifundios. Y la industria de la carne no siempre puede determinar qué ganado proviene de propiedades que incumplen estos compromisos.

LA PALMA ACEITERA EN INDONESIA

En Indonesia, la deforestación ascendió a 60.000 km2 en el periodo 2000-2012 y se incrementó en promedio 476 km2 por año. En 2012 llegó a 8.400 km2. El desarrollo de palma aceitera es el principal impulsor de la deforestación, en especial en las islas de Sumatra y Kalimantan. Su expansión se produce principalmente a costa de plantaciones agroforestales y de caucho, bosques secundarios de tala intensiva y bosques primarios de tala selectiva.

El gobierno de Indonesia asigna tierras programadas para conversión forestal a través de concesiones a empresas de aceite de palma para el desarrollo industrial de palma aceitera. Unos 25 grupos dominan el mercado.

Pero cada vez más pequeños agricultores están convirtiendo sus tierras en lucrativas plantaciones de palma aceitera, que hoy constituyen más del 40% de la oferta total. Hay diferentes tipos de pequeños agricultores, y el proceso también involucra un número creciente de inversionistas locales, terratenientes urbanos ausentes de la zona y plantas productoras independientes, formando una amplia red de intermediarios que compran de los pequeños agricultores y venden a las empresas productoras.

El gobierno de Indonesia ha hecho esfuerzos por proteger los bosques primarios y las turberas. En 2011 entró en vigor una moratoria y ha sido renovada en dos ocasiones. El gobierno también ha establecido el Sistema Indonesio de Aceite de Palma Sostenible (ISPO, por sus siglas en inglés), que incluye normas obligatorias. Pero ha habido algunas críticas acerca de la eficacia de la moratoria, y aún es muy pronto para conocer el impacto del ISPO.

Los principales actores del sector del aceite de palma se han adherido a las metas de deforestación cero como parte del Compromiso Indonesio sobre el Aceite de Palma y han comenzado a trabajar en el desarrollo de una cadena de suministro libre de deforestación. Pero el gobierno de Indonesia se ha opuesto abiertamente a este compromiso, argumentando entre otras razones que podría perjudicar a los pequeños agricultores.

EL DILEMA

Tanto en Brasil como en Indonesia, las presiones de las empresas de bienes de consumo, de la industria minorista y más recientemente de los bancos y de los inversionistas han sido los principales impulsores del cambio de comportamiento.

En Indonesia, las empresas de aceite de palma deben encontrar una manera de cumplir con las condiciones de deforestación cero de las empresas de bienes de consumo y los comerciantes, mientras al mismo tiempo evitan infringir la legislación indonesia que requiere que las empresas utilicen la totalidad de la tierra que se les asignó para el desarrollo de plantaciones.

También deben lograr un equilibrio, asegurando el acceso a los mercados del norte mediante la adhesión a sus compromisos de deforestación cero a la par que mantienen su participación en mercados menos exigentes, como China y la India, y permanecen abiertos a mercados no tradicionales (por ejemplo, Pakistán y el Oriente Medio).

El gobierno de Indonesia se enfrenta a un reto aún más difícil, ya que carece de bases legales para hacer cumplir las iniciativas de conservación en tierras programadas para su conversión a palma aceitera. También requiere asegurarse de que los compromisos de las empresas con la deforestación cero no terminen perjudicando a los pequeños productores que quieren desarrollar la agricultura —y muy probablemente cultivar palma aceitera— para mejorar sus medios de vida.

Por su parte, el Gobierno brasileño se enfrenta al dilema de seguir imponiendo regulaciones con la esperanza de que la industria invierta en la mejora de sus cadenas de suministro al mismo tiempo que satisface la creciente demanda de materias primas. Y no puede correr el riesgo de excluir a los productores ganaderos medianos, que necesitan encontrar formas de obtener beneficios sin deforestar, mediante la inversión en prácticas de intensificación agrícola para obtener más provecho de la misma parcela de tierra. Los pequeños agricultores se encuentran aún más limitados ya que a menudo no pueden darse el lujo de cambiar sus prácticas agrícolas.

La única forma de resolver estos dilemas es que todas las partes trabajen en conjunto.

LA COLABORACIÓN ES CLAVE

Dado que la deforestación es un problema complejo, incluso los mejores esfuerzos gubernamentales e individuales no se comparan con estos retos interconectados. El gobierno, el sector privado y la sociedad civil deben trabajar juntos para adaptar las prácticas existentes de gestión de la cadena de suministro, los sistemas de incentivos y las regulaciones.

En Brasil, las nacientes asociaciones público-privadas requieren que los propietarios de tierras cumplan un papel más activo en la búsqueda de opciones para la intensificación de la ganadería en sistemas de producción integrada. Mientras que en Indonesia, el gobierno tiene que apoyar a un sector privado que mantenga su competitividad al mismo tiempo que beneficia al medio ambiente y crea mayor inclusión social.

En ambos países, se requiere que el sector público ayude a las empresas mediante una reducción de los riesgos de inversión, facilitando un aumento en la eficiencia y suminisrando bienes públicos que mejoren las oportunidades de los pequeños propietarios.

El sector privado tiene que cumplir con los estándares de las cadenas de suministro libres de deforestación creando incentivos que recompensen las prácticas sostenibles, y mecanismos para mejorar los sistemas de producción de los pequeños propietarios.

Y las organizaciones de la sociedad civil tienen un papel clave en el apoyo de todas estas acciones mediante la sensibilización sobre los riesgos probables, el monitoreo independiente los resultados, el apoyo a las innovaciones y el intercambio de lecciones aprendidas.

Detener la deforestación de los bosques primarios, mejorar los beneficios para los pequeños propietarios, y ampliar la oferta para satisfacer una demanda creciente: cada uno de estos retos afecta a los otros dos.

La cuestión es cómo hacer frente a los tres retos al mismo tiempo, y qué reglas seguir.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.