Los ganaderos del Amazonas usan una hectárea por vaca para satisfacer la creciente demanda de carne a nivel global

MATO GROSSO, Brasil _ Aunque la tasa de deforestación en la Amazonía se ha reducido, unos seis mil kilómetros cuadrados están siendo talados cada año, principalmente para que los ganaderos puedan satisfacer la aparentemente insaciable demanda de carne, tanto dentro y fuera de Brasil.
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MATO GROSSO, Brasil _ Aunque la tasa de deforestación en la Amazonía se ha reducido, unos seis mil kilómetros cuadrados están siendo talados cada año, principalmente para que los ganaderos puedan satisfacer la aparentemente insaciable demanda de carne, tanto dentro y fuera de Brasil.

A pesar del esfuerzo por aumentar la intensificación de la agricultura en Brasil, la enorme cantidad de tierra utilizada para la ganadería sigue siendo ineficiente, explica Peter May, coautor de The context of REDD+ in Brazil: drivers, agents, and institutions, publicado por el Centro para la Investigación Forestal Internacional.

REDD+ es un mecanismo global para reducir las emisiones provenientes de la deforestación y degradación forestal, así como para promover la conservación y manejo sostenible de los bosques, y el aumento de las reservas forestales de carbono.

Brasil es el mayor productor de carne de res a nivel mundial (sólo la India tiene un mayor número de ganado, pero la mayoría está destinado a la producción de leche y no de carne) y la ganadería es responsable de un 70 por ciento de la tala de bosques en el Amazonas brasileño. Según una investigación realizada por el Swedish Institute of Food and Biotechnology (Instituto de Alimentos y Biotecnología de Suecia), la deforestación para la ganadería produce más de 700 kilogramos de CO2 por kilogramo de peso del animal. Dado que sólo el 72% del animal es comestible, el resultado es que se produce cerca de una tonelada de carbono por kilogramo de carne.

“La tendencia en el pasado ha sido la agricultura extensiva – un modelo agrícola de la Amazonía que consistía en una vaca por hectárea”, explicó. “Y esto ha estado ocurriendo durante 20 ó 30 años a un ritmo muy acelerado: cada vez que quiera tener otra cabeza de ganado, reducirá 120 toneladas de carbono. Un costo muy significativo para la sociedad a nivel global a causa del consumo de carne”.

La actual tasa anual de deforestación en la Amazonía brasileña es de seis mil kilómetros cuadrados (600,000 hectáreas) para el período 2009-2010, por debajo de un máximo de 28,000 kilómetros cuadrados (2.8 millones de hectáreas) en 2004. La reducción de la deforestación es el resultado de dos factores, una mejor protección forestal por parte del estado y del estancamiento económico global.

“Hay una mezcla de opiniones al respecto. El gobierno se enorgullece del éxito diciendo que su estrategia de ‘orden y control’ ha dado sus frutos”, señaló May. “Hay otros dentro de las ONGs que analizan la tasa de deforestación y el precio de las materias primas como vinculados entre sí, y dicen que los precios de los productos básicos se reducen durante las crisis financieras y, cuando suben otra vez, entonces el comercio vuelve a funcionar como siempre. Eso realmente no ha sucedido. Brasil no ha tenido una grave depresión económica de ningún tipo… así que tal vez algo tenga que ver la estrategia de orden y control.”

En los últimos meses, sin embargo, ha habido un cambio brusco, con tasas de deforestación en aumento. Junto con las presiones políticas para aumentar la porción que los propietarios pueden deforestar por ley, esto genera interrogantes como hasta qué punto la drástica reducción en el pasado de la tala de bosques en Brasil será sostenible en el futuro.

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