Investigación

La adaptación a las crecidas del Amazonas empieza en casa

Tras años de hacer frente a impactos externos, las comunidades fluviales de la Amazonia brasileña se han adaptado al cambio climático a su manera.
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Los productores que viven a lo largo del río Amazonas, en Brasil,  han aprendido a adaptarse a los cambios. Foto: Neil Palmer/CIAT.
Los productores que viven a lo largo del río Amazonas, en Brasil, han aprendido a adaptarse a los cambios. Foto: Neil Palmer/CIAT.

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Amazon - Vivir con las inundaciones es una realidad cotidiana para cientos de miles de familias rurales que luchan por sobrevivir en el estuario del Amazonas brasileño.

Pero debido a que el cambio climático está acelerando el aumento del nivel del mar, se espera que las inundaciones provocadas por la marea empeoren.

¿Cómo puede el gobierno local ayudar a los pequeños agricultores —conocidos localmente como caboclos— a adaptarse?

Según Miguel Pinedo-Vásquez, científico del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), parte de la respuesta podría encontrarse justo bajo las narices de los formuladores de políticas.

“La adaptación ya se está dando sobre el terreno”, dice Pinedo-Vásquez, uno de los autores de un nuevo estudio sobre el cambio de uso de la tierra en el estuario del Amazonas.

El estudio se llevó a cabo bajo la dirección de científicos del Núcleo de Altos Estudios Amazónicos de la Universidad Federal de Pará, con el apoyo financiero del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo (Canadá).

Los pequeños agricultores de la zona del estuario se han enfrentado a diversos impactos externos desde la Segunda Guerra Mundial: fluctuaciones del mercado, tenencia inestable de la tierra y, en la última década, un incremento en las inundaciones extremas, conocidas localmente como lançantes.

Pero al mantener un alto grado de flexibilidad, tanto en sus decisiones sobre el uso de la tierra como en sus formas de vida, los pequeños agricultores han sido capaces de adaptarse, sostiene el estudio.

Pinedo-Vásquez sostiene que esta flexibilidad no debería pasarse por alto cuando los gobiernos y los grupos de la sociedad civil diseñan e implementan programas de mitigación y adaptación.

“Su estilo de flexibilidad es completamente distinto de lo que los sistemas internacionales de adaptación están tratando de diseñar, que es un enfoque de arriba hacia abajo”, dice.

Su estilo de flexibilidad es completamente distinto de lo que los sistemas internacionales de adaptación están tratando de diseñar"

Miguel Pinedo-Vásquez

 AÑOS DE IMPACTOS

Para ayudar a los formuladores de políticas locales, Pinedo-Vásquez y sus colegas analizaron cómo los pequeños agricultores de dos municipios del estuario del Amazonas han respondido frente a los impactos externos desde la Segunda Guerra Mundial.

Los investigadores estudiaron los auges y caídas del mercado en Mazagão y Ponta de Pedras, que se encuentran a ambos lados del estuario en la región oriental del Amazonas brasileño.

A partir de más de 50 años de información comercial, así como 30 años de información sobre la cobertura terrestre obtenidos mediante teledetección (fotografías aéreas e imágenes de satélite), los autores pudieron graficar los cambios en el uso de la tierra.

El estudio encontró que desde la guerra, los pequeños agricultores han cultivado y recolectado una amplia variedad de productos, en gran medida en respuesta a los caprichos de los auges y caídas del mercado.

Estos productos van desde la extracción de caucho y la recolección de castañas amazónicas hasta, más recientemente, la producción de asaí o açaí, una palma cultivada principalmente para obtener sus frutos.

Según el estudio, los hogares de los pequeños agricultores tuvieron gran movilidad, y con frecuencia se trasladaron a la ciudad en épocas difíciles.

 MEZCLA Y EQUILIBRIO

Curiosamente, los investigadores también encontraron que en las tierras gestionadas por pequeños agricultores no se han producido grandes cambios en la cobertura forestal.

En vez de ello, los caboclos han conservado un “paisaje de mosaico de tipo agrícola-barbecho-bosque”, que equilibra la producción intensiva de un producto con una amplia gestión de otros recursos.

Este diverso paisaje de mosaico, junto con la movilidad de los pequeños agricultores, ha ayudado a las comunidades a adaptarse a los impactos externos, señala el estudio.

“Esa flexibilidad les permite pasar de las cosechas anuales —plantaciones de tomates, maíz y frijoles— a actividades de uso de la tierra a largo plazo, con participación en agroforestería, manejo forestal y pesquería”, dice Pinedo-Vásquez.

Actualmente, ambos municipios están dominados por un manejo intensivo y extensivo de la tierra en barbecho y los bosques para la producción de madera, asaí y otras frutas.

La tendencia a alejarse de la agricultura hacia actividades de uso de la tierra a largo plazo, tales como la agroforestería, es cada vez mayor también.

Pinedo-Vásquez dice que debido al aumento del nivel del mar, la agricultura en la zona del estuario terminará siendo imposible. Pero con el apoyo del gobierno local, otros modelos de uso de la tierra pueden tomar la posta.

“Lo que decimos es que el aumento del nivel del mar trae consigo riesgos, pero también oportunidades”, señala.

“En este caso, mediante la participación en la agroforestería y en la gestión forestal como la principal fuente de ingresos”.

Pinedo-Vásquez dice que las comunidades que cuentan con más “opciones de medios de vida” se adaptan mejor a las amenazas externas —y los bosques cumplen un papel importante para ello.

LA OPCIÓN LOCAL

Sin embargo, según Pinedo-Vásquez, para que los modelos de uso de la tierra a largo plazo (como la agroforestería) tengan éxito, los pequeños agricultores deben tener acceso a los recursos. En este caso, esta ayuda les está llegando a través de la iniciativa de Transferencias Monetarias Condicionadas del gobierno brasileño, que forma parte del Programa Nacional de Transferencia de Ingresos, que ofrece transferencias directas de efectivo para el alivio de la pobreza.

“Ese dinero ayuda a subsidiar su paso de la dependencia de las actividades agrícolas —como el maíz, el arroz y los frijoles— hacia la agroforestería y el manejo forestal para la producción de diversos productos terrestres y acuáticos como asaí y pescado y camarón”, dice.

Como resultado, las transferencias monetarias condicionadas también proporcionaron algunos beneficios ambientales, agrega Pinedo-Vásquez.

Los autores del estudio dicen que se necesita más trabajo para identificar cuáles son los factores que facilitan o dificultan que los pequeños agricultores puedan adaptarse al aumento del nivel del mar y otros eventos socioclimáticos.

Mientras tanto, Pinedo-Vásquez espera que los formuladores de políticas locales sean capaces de traducir esta nueva información en herramientas y sistemas para el monitoreo de los procesos de adaptación.

“Nuestro objetivo principal es que los formuladores de políticas locales puedan contar con este conocimiento proveniente de su propio pueblo, de sus sociedades y vecinos, y no depender de debates como los de la ONU o el IPCC [siglas en inglés de Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático]”, dice.

“Lo que nos interesa es llevar información desde el terreno hacia el proceso de adaptación”.

Para obtener más información acerca de este tema, por favor póngase en contacto con Miguel Pinedo-Vásquez en m.pinedo-vasquez@cgiar.org

Esta investigación recibió el apoyo del Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo, de Canadá.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.