Investigación

Claves para la restauración: pensar en grande y de manera inclusiva

Para cumplir con sus compromisos de restauración de millones de hectáreas de tierras degradadas, los países podrían tener que cambiar su enfoque.
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Los objetivos de restauración  incluyen la protección de las cuencas hidrográficas y el fortalecimiento de la biodiversidad. Foto: Neil Palmer / CIAT.
Los objetivos de restauración incluyen la protección de las cuencas hidrográficas y el fortalecimiento de la biodiversidad. Foto: Neil Palmer / CIAT.

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Para su ampliación a gran escala, la restauración debe ser sostenible, inclusiva y adecuadamente planificada”.

Manuel Guariguata

Latin America - Una serie de compromisos internacionales se han centrado en la restauración de paisajes como una forma de revertir el daño ambiental, fortalecer la resiliencia frente al cambio climático y mejorar los suministros de agua y otros recursos naturales. Pero los compromisos para la restauración de millones de hectáreas de tierras degradadas podrían no prosperar sin una mejor planificación, priorización y monitoreo, advierten los autores de un análisis de 119 proyectos de restauración ecológica en Colombia.

A pesar de tener numerosos compromisos y proyectos individuales de restauración en marcha, muchos países parecen no estar listos para ampliar la escala de sus esfuerzos para la restauración de cientos de miles, o incluso millones, de hectáreas, sugieren los autores.

“Hacer promesas es fácil”, dice Manuel Guariguata del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), uno de los coautores del estudio.

“Pero para que los países puedan cumplir con sus ambiciosos compromisos internacionales de restauración de tierras, deben tener en cuenta la naturaleza multifacética de los proyectos de restauración y considerar una serie de desafíos socioecológicos y de gobernanza”.

América Latina lidera la tendencia mundial de restauración de tierras. Colombia, que viene realizando proyectos de restauración desde hace cincuenta años, y se ha planteado una de las metas más ambiciosas,  se ha comprometido a restaurar 300.000 hectáreas de ecosistemas degradados para el año 2018 y un millón de hectáreas para el año 2020.

Otros países, entre ellos México, Perú y El Salvador, también han hecho promesas importantes, aunque basadas únicamente en número de hectáreas bajo algún tipo de cobertura forestal.

“La experiencia de Colombia muestra que los proyectos de restauración deben ir más allá del número de hectáreas prometidas o el número de árboles plantados”, dice Guariguata.

“Para su ampliación a gran escala, la restauración debe ser sostenible, debe ser medida desde el espacio y desde el terreno, debe ser inclusiva y adecuadamente planificada”.

“Y tiene que mirar más allá de un sitio o ‘parcela’ específica, para asegurarse de que la restauración trascienda a todo el paisaje o incluso a toda la región”, agrega.

 

INVOLUCRAR A LAS COMUNIDADES

Históricamente, el enfoque de Colombia para la gestión ambiental ha sido en gran medida de arriba hacia abajo, señala el estudio: las agencias gubernamentales han sido responsables de iniciar el 64% de los proyectos y de financiar el 78% de los mismos.

“Esto en sí mismo no es malo”, indica Guariguata, pues los gobiernos cuentan con recursos y pueden conducir los planes de desarrollo y de conservación desde el nivel nacional hacia el local.

Sin embargo, solo 2 de los 90 proyectos iniciados por el Gobierno que fueron evaluados en Colombia involucraron la participación de las comunidades locales en su diseño y monitoreo. A las ONG les fue un poco mejor: 3 de sus proyectos reportan una participación activa de las comunidades locales.

Si no se da una apropiación del proyecto por parte de los habitantes de cada localidad, es poco probable que los proyectos de restauración a gran escala resulten sostenibles, advierte Guariguata.

“Cuando las personas del lugar no sienten como propios los proyectos, ni ven beneficios derivados de estos, pueden estar menos motivados a conservar un área”, explica.

 

DE SATÉLITES A PLANTONES

Los autores también identificaron una falta generalizada de monitoreo. A pesar de que el 90% de los proyectos contaban con un plan de monitoreo, la mayoría consideraban solo metas de corto plazo, como la supervivencia de los plantones. Solo uno de cada tres proyectos hacía seguimiento a cambios de mediano plazo, como la reaparición de plantas y animales nativos.

“Si uno no monitorea lo que está haciendo —y hablamos aquí del nivel nacional—, nunca sabrá realmente cómo le fue a su intervención”, dice Carolina Murcia, coautora del estudio.

“La falta de una cultura de monitoreo en la restauración representa un cuello de botella importante para demostrar que se ha tenido éxito y poder recaudar fondos para nuevas acciones”.

Solo la mitad de los proyectos estudiados habían establecido parámetros de referencia, y los indicadores de desempeño tendían a ser vagos, según Murcia.

“Se necesita un cambio en la mentalidad de los tomadores de decisiones, de los investigadores y de las ONG, para poder diseñar, desde el principio, un programa de monitoreo sólido”, dice Guariguata.

“Este cambio de mentalidad tiene que involucrar tanto monitoreo de arriba hacia abajo —es decir, usar imágenes satelitales— como de abajo hacia arriba —es decir, que las comunidades locales monitoreen la supervivencia de los árboles—. También es necesario el monitoreo de variables socioeconómicas entre los actores clave”.

Los autores destacan que la falta de monitoreo constante socava los objetivos generales de los proyectos.

Casi todos los proyectos estudiados se realizaban en tierras degradadas por la minería, el sobrepastoreo u otras formas de desarrollo, y tenían como objetivo la protección de las cuencas hidrográficas. Solo unos cuantos tenían objetivos relacionados explícitamente con la biodiversidad, como la ampliación de un ecosistema amenazado, la mejora de la conectividad entre ecosistemas o el control de especies invasoras.

Sin embargo, la biodiversidad está en el centro de la estrategia de Colombia: su marco de políticas de restauración incluye una ley que requiere que la minería, la industria del petróleo y otras empresas de recursos y de infraestructura compensen cualquier daño al medio ambiente por medio de la restauración, para evitar pérdidas netas de biodiversidad.

 

VISIÓN NACIONAL

Los autores sugieren al Gobierno colombiano que elabore una estrategia sólida, de base científica, que dé prioridad a la restauración ecológica en todo el país y aclare sus objetivos; un enfoque que también podría beneficiar a otros países.

“Para ampliar la escala, se requiere priorizar cuidadosamente dónde se realizará la intervención y cuáles son sus objetivos”, dice Guariguata.

“¿Su objetivo es la conservación o la protección de las cuencas hidrográficas? ¿O se trata de una combinación de conservación y uso sostenible de productos madereros y no maderables?”.

Los autores reconocen los esfuerzos de una de las principales organizaciones de investigación de Colombia, el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, que está desarrollando una evaluación de todo el país y un mapa de las necesidades de restauración.

Este mapa servirá como una poderosa herramienta de apoyo a la toma de decisiones, según Carolina Murcia.

Pero aunque el mapa probablemente provea una revisión más detallada del Plan Nacional de Restauración, Murcia dice aún se requiere información socioeconómica.

“Colombia es uno de los pocos países de América Latina que cuentan con un plan de este tipo, pero no solo se requiere información biofísica, sino también información sobre las personas”, señala.

“Si no se cuenta con estos dos tipos de información, será difícil que los departamentos y los municipios puedan desarrollar planes significativos para proyectos de restauración que no solo cumplan con sus objetivos, sino que también aseguren que el ecosistema restaurado pueda subsistir y adaptarse a las condiciones cambiantes”.

Es igualmente importante tener claridad sobre los aspectos definitorios. “Corremos el riesgo de llamar a todo ‘restauración’”, dice Guariguata. “Esto tiene implicaciones para las normas que se utilizarán durante el monitoreo y para la medición de la eficacia y el cumplimiento de los objetivos”.

Para obtener más información sobre esta investigación, póngase en contacto con Manuel Guariguata en m.guariguata@cgiar.org

Este trabajo contó con el apoyo de USAID.


Este tema será desarrollado durante el Global Landscapes Forum: infórmese
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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.
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