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Para salvar los bosques, hay que poner atención en la agricultura

Un nuevo marco ayuda a los países a evaluar la posibilidad de reducir las emisiones provenientes de la forestería o de la agricultura.
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Campo de quinua. Enfoques sugieren que la deforestación y otras presiones sobre los bosques pueden evitarse al maximizar los rendimientos agrícolas y minimizar la superficie de tierra necesaria.
Campo de quinua. Enfoques sugieren que la deforestación y otras presiones sobre los bosques pueden evitarse al maximizar los rendimientos agrícolas y minimizar la superficie de tierra necesaria. Twiga269

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Es posible que las intervenciones con mayor potencial para reducir las emisiones en los países ricos en bosques tropicales, como Indonesia, Brasil y la República Democrática del Congo (RDC), no se encuentren exactamente en los bosques.

Más bien, estas prometedoras  intervenciones podrían estar justo debajo de nuestras narices, en los alimentos que llevamos a la mesa. Esto se debe a que, como señala la científica Sarah Carter, no se pueden separar los bosques de la agricultura.

“Para cuidar los bosques, hay que poner atención en la agricultura”, afirmó Carter,  autora principal de un estudio del Centro para la Investigación Forestal Internacional –CIFOR- que aborda la reducción de las emisiones procedentes de la agricultura.

“Y la agricultura se refiere a los alimentos que comemos, y a cómo y dónde estos se producen”, agregó.

Motivados por esta conclusión bien evidenciada, Carter y otros científicos de CIFOR emprendieron un estudio pantropical para imaginar y comparar las potenciales reducciones de emisiones derivadas de intervenciones en los sectores agrícola y forestal.

El estudio se basa en el concepto del “ahorro de tierra“, por el cual, la deforestación y otras presiones sobre los bosques pueden evitarse —al maximizar los rendimientos agrícolas y minimizar la superficie de tierra necesaria— o pueden desviarse hacia tierras no forestales.

“Un enfoque consiste en intensificar la agricultura para incrementar la producción en las tierras existentes, lo que implicaría una menor necesidad de expandir las tierras agrícolas hacia los bosques”, explica Carter.

“El otro enfoque consiste en expandir la agricultura en zonas que no sean bosques, por ejemplo, mediante la rehabilitación de pastizales degradados. Este ya es un planteamiento central en los debates internacionales”.

Los dos enfoques tienen un amplio reconocimiento no solo como posibles, sino también como necesarios para conservar los bosques y, al mismo tiempo, alimentar a la creciente población mundial.

¿CULTIVOS O BOSQUES?

Un aspecto novedoso del estudio es que abarca tanto las fuentes de las emisiones agrícolas como las de la deforestación. La investigación toma en consideración el hecho de que en algunos países, las emisiones agrícolas son mayores que las emisiones derivadas de la deforestación.

“Se debe observar el balance de las emisiones provenientes de la agricultura y de la forestería para determinar si se deben abordar las emisiones de la agricultura o las de la deforestación en un país”, dijo Carter.

En el estudio, Carter y sus coautores cuantificaron las posibles reducciones de emisiones derivadas del cambio de uso de suelo para la agricultura. Encontraron que intervenciones en apenas veinte de los países más prometedores, podrían mitigar casi un tercio (1,3 Gt de 4,3 Gt) de estas emisiones.

También hallaron que podría mitigarse 1 Gt más de emisiones derivadas directamente de la agricultura con las intervenciones “climáticamente inteligentes”.

Carter y sus coautores querían que fuera lo más fácil posible encontrar espacios para reducir emisiones en los países en desarrollo. Otro aporte novedoso del estudio es el desarrollo de un marco para guiar a cada país al decidir si el sector agrícola o forestal puede ofrecer las mayores reducciones.

El marco agrega aún más matices al incorporar un conjunto de filtros destinados a ayudar a las autoridades a evaluar otros factores importantes en la búsqueda por reducir  emisiones.

Un factor a considerar es la relativa seguridad alimentaria del país en el que podría realizarse una intervención.

“En los países con una elevada inseguridad alimentaria, como la República Democrática del Congo, habría que tener cuidado si se pretende realizar intervenciones que afecten al sector agrícola y tal vez perjudiquen los medios de vida”, advierte Carter.

“Por otra parte, en los países con una baja inseguridad alimentaria, como Argentina e Indonesia, quizá sea más fácil seguir adelante con las intervenciones agrícolas”.

Otro factor por considerar  es si el país tiene un entorno propicio para las intervenciones, y una buena gobernanza como indicador.

UNA MIRADA A REDD+

La gobernanza es particularmente importante dada la sugerencia planteada en el estudio respecto de que las intervenciones agrícolas deben ocupar un lugar más preponderante en el marco de REDD+ en los ámbitos nacional e internacional.

La iniciativa de reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques (REDD+), es un esfuerzo internacional en curso destinado a desarrollar y financiar proyectos dirigidos a reducir las emisiones relacionadas con los bosques en los países en desarrollo.

El marco REDD+ fue acordado  a mediados de 2015, tras una década de negociaciones, y justo a tiempo para las negociaciones climáticas de la Conferencia de las Partes de la CMNUCC en París (COP 21).

En el marco de REDD+, los países proponen proyectos y generan “créditos” verificables a partir de emisiones evitadas, que después se compran para compensar las emisiones producidas en otros lugares.

“Se reconoce ampliamente que la agricultura es la principal causa de deforestación en los países tropicales; sin embargo, de alguna manera, eso no se ha filtrado hasta las propuestas de REDD+ a nivel nacional”, afirmó Carter.

“La gran mayoría de  proyectos REDD+ propuestos siguen enfocándose en el sector forestal y descuidando el sector agrícola. Por lo tanto, es evidente que hay una especie de desfase en la actualidad”.

Carter es optimista y piensa que esto cambiará más adelante.

“Tal vez se trate de algo que va a cambiar en el futuro. Tenemos la esperanza de que los resultados de este y otros estudios van a resaltar la necesidad de incluir intervenciones agrícolas en REDD+”, añadió.

Según sugieren los hallazgos, para realmente proteger los bosques, los investigadores y los responsables políticos deben estar dispuestos a reconocer y a intervenir un  paisaje más amplio del cual son solo una parte, un paisaje que, y tal vez sea lo más importante, incluye la agricultura.

En otras palabras, necesitamos ver el bosque no solo por los árboles, y a los paisajes no solo por los bosques.

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.