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Tenencia de la tierra y medios de vida: ¿cuál es el vínculo?

Hallazgos iniciales de un estudio global indican que asegurar derechos sobre la tierra no siempre garantiza una mejora en los medios de vida de las comunidades forestales.
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Sergio Perea, presidente de la comunidad nativa Tres Islas, en Perú, explica que el comercio de castaña, agroforestería y turismo son las actividades con las que esperan mejorar sus medios de vida.
Sergio Perea, presidente de la comunidad nativa Tres Islas, en Perú, explica que el comercio de castaña, agroforestería y turismo son las actividades con las que esperan mejorar sus medios de vida. Juan Carlos Huayllapuma Cruz /CIFOR

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Una comunidad indígena harákmbut en la Amazonía peruana no tiene ni voz ni voto en lo que respecta a las 17 concesiones de minas de oro que coinciden con su territorio, a pesar de poseer un título que reconoce su derecho sobre la tierra. Y en Uganda, las esperanzas de la comunidad forestal de una aldea se ven frustradas al acabarse el financiamiento externo de un proyecto destinado a compensarla por la conservación.

Los avances en las reformas de tenencia de la tierra y los bosques en los últimos años no necesariamente mejoraron los medios de subsistencia de los habitantes del bosque, como muestran los resultados preliminares de un estudio comparativo global que actualmente realiza el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

Investigadores de los tres países presentaron resultados preliminares del estudio  global comparativo sobre reformas en tierras forestales de Perú, Indonesia y Uganda en un coloquio internacional celebrado en Perú recientemente.

La primera sesión, que tuvo lugar en Lima, reunió a investigadores y funcionarios gubernamentales de los tres países. En la segunda sesión, que se realizó en la ciudad amazónica de Puerto Maldonado, también participaron los líderes indígenas de las federaciones locales y representantes de 12 comunidades, incluidas aquellas en las que se llevó a cabo la investigación de campo para el estudio.

“Todos tenemos mucho que aprender de los estudios comparativos, y queríamos compartir los resultados preliminares de manera tal que pudiéramos alcanzar mayor profundidad al analizar semejanzas y diferencias entre los países”, indicó Anne Larson, científica principal de CIFOR, quien junto a la investigadora Esther Mwangi, coordina el estudio global.

El estudio examina cómo han evolucionado las reformas y su impacto tanto en el estado de los bosques como en los medios de vida de quienes dependen de ellos.

“Las comunidades de los tres países ansían mejorar su seguridad en la tenencia”, afirmó Bob Kazungu, un alto oficial forestal del Ministerio de Agua y Medio Ambiente de Uganda.

Aunque los regímenes de tenencia varían de país a país, se han evidenciado desafíos de implementación comunes como la necesidad de clarificar los roles de los gobiernos nacionales y locales y asegurar que las mujeres tengan injerencia en las decisiones y participen de forma equitativa en los beneficios de la tenencia de los bosques.

COMPARANDO

En Perú, las comunidades reciben títulos sobre sus tierras, pero el gobierno solo concede derechos de uso sobre los bosques. En la actualidad, las comunidades indígenas ejercen presión para que se lleve a cabo la titulación del “territorio integral”, que implicaría derechos sobre todos los recursos naturales, según Julio Cusurichi, presidente de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes (FENAMAD).

Los sistemas de manejo forestal comunitario de Uganda difieren dependiendo de si el bosque es propiedad del Estado, de una comunidad o de propietarios privados. Hay varias formas de manejo comunal, incluidos los sistemas consuetudinarios que utilizan las comunidades tradicionales. Los propietarios privados también pueden formar asociaciones de manejo forestal colectivo.

Indonesia, por otra parte, tiene siete sistemas de tenencia forestal, que dependen de si las tierras son públicas o privadas. El desafío consiste en empoderar a las comunidades, fortalecer su organización y mejorar su capacidad de administrar los bosques una vez que obtienen la tierra, explicó Erna Rosdiana, quien dirige el área de forestería comunitaria del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques de Indonesia.

“El objetivo de la forestería social es el bienestar de la comunidad, no solo la concesión de derechos”, agregó.

MÁS ALLÁ DE LA TENENCIA

De hecho, los resultados preliminares del estudio de los tres países muestran que el camino a la seguridad no termina con la tenencia.

Esto sorprendió a Concepta Mukasa, oficial de programas de la Asociación de Mujeres Profesionales Ugandesas en la Agricultura y el Medio Ambiente, quien está llevando a cabo investigaciones en Uganda.

“Antes pensaba que, cuando las comunidades recibieran todos los derechos por medio de la titulación, esto en seguida se traduciría en una mejora en la calidad de vida y el estado del bosque”, comentó Mukasa. “Ahora veo que sin incentivos para la conservación y la innovación para mejorar su nivel de vida, la titulación puede no ser suficiente.

La lección, observa Anne Larson, es que una vez que se establecen las políticas de reforma de la tenencia, los gobiernos nacionales y locales deben tener una estrategia (y destinar fondos del presupuesto) para aplicarlas.

Para esto se requiere la coordinación entre los gobiernos nacionales y locales. Sin embargo, mientras que los gobiernos nacionales son por lo general responsables de desarrollar las políticas, los gobiernos locales — que suelen compartir la responsabilidad de ponerlas en práctica— quizá carezcan de la voluntad política, la experiencia o los conocimientos necesarios para hacerlo.

“Nuestro país se está descentralizando, y el fortalecimiento de las capacidades y del acceso a la información de los gobiernos regionales es fundamental”, Indicó al respecto Fabiola Muñoz Dodero, directora del Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre de Perú. “Es clave el papel que desempeña la investigación, pero también es crucial el rol de la gobernanza local”.

Alcanzar el equilibrio entre la supervisión del gobierno y la autonomía de la comunidad es otro desafío que requiere diálogo, agregó Muñoz. Dado que en la Amazonía peruana muchos habitantes de los bosques son indígenas esto implica “garantizar que las personas reciban información en su propio idioma”.

EMPODERAR A LAS MUJERES

Además, los resultados preliminares del estudio de los tres países reflejaron que, en términos generales, las mujeres no tienen la misma voz ni voto que los hombres en las decisiones sobre el manejo forestal, y no comparten los beneficios de la tenencia forestal de modo equitativo.

Algunos obstáculos para la participación de las mujeres pueden superarse con facilidad. Con la simple prestación de servicios de cuidado de los niños durante las reuniones comunitarias en Perú, se puede facilitar la participación femenina en muchos casos, manifestó Muñoz Dodero.

Otros son más complicados. En los pueblos ugandeses tradicionales, las viudas en general pierden su derecho a la tierra a menos que sus maridos se lo dejen en herencia, comentó Baruani Mshale, investigador de CIFOR, quien coordina el estudio de Uganda.

UN ESTUDIO DE CASO DE LA AMAZONÍA

Muchos de los problemas comunes en los tres países son visibles en Tres Islas, una comunidad amazónica en la que viven familias ese’eja y shipibo. Allí, los habitantes recibieron a los participantes del coloquio en una construcción comunitaria desde donde se divisa el río Madre de Dios.

Tras una batalla legal por reclamar su derecho a restringir el acceso de mineros de oro externos a su territorio, la comunidad ahora trabaja con una visión más sostenible del futuro, observó Sergio Perea, presidente de la comunidad.

Algunos habitantes locales extraen castaña y el fruto de la palma de seje (Oenocarpus bataua), mientras que otros aprovechan la madera. Un comité del pueblo también está planificando una empresa de ecoturismo.

Pero aparte de estos primeros casos de éxito, la comunidad también ha encontrado algunos de los inconvenientes que puso de relieve la investigación de CIFOR. Por ejemplo, la instalación de equipos de procesamiento de castaña se ha postergado debido a las demoras para conectar Tres Islas al sistema público de electricidad.

Como si esto fuera poco, ha finalizado un proyecto de tres años que financió la elaboración de planes de manejo de madera, y Perea no está seguro de cómo hará su comunidad para pagar el plan del año que viene. Asimismo, sigue existiendo la minería de oro aluvial en la comunidad, que plantea amenazas de deforestación y contaminación por mercurio.

Al destacar los líderes de la comunidad su compromiso con un futuro sostenible, su entusiasmo inspiró a Irene Anaya Canelos, tesorera del Consejo Indígena de la Zona Baja de Madre de Dios (COINBAMAD).

Canelos ha sido testigo de los esfuerzos emprendidos por las comunidades indígenas en su región de origen, Madre de Dios, a causa de la necesidad de generar ingresos para poder educar a sus hijos y realizar las comprar necesarias.

“Mi comunidad no está tan bien organizada como Tres Islas”, reflexionó después de observar los planes que se encuentran en curso allí. “Creo que podemos aprender mucho de la forma en que ellos se han organizado y del trabajo que hacen acá como comunidad”, finalizó.

Para más información sobre este estudio por favor contacte a Anne Larson en a.larson@cgiar.org o Esther Mwangi en e.mwangi@cgiar.org

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.
Tópicos :   Bosques y medios de vida Tenencia forestal