Análisis

Especial COP22: ¿Qué tienen que ver los océanos y los mares con el clima global?

Los humedales costeros son los depósitos de carbono más eficaces del planeta, sin embargo, están entre los ecosistemas naturales más amenazados.
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Neil Palmer/ CIAT

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Es interesante observar cómo, después de tantos años, por primera vez los océanos forman parte de la agenda de la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se está desarrollando desde el 7 hasta el 18 de noviembre en Marrakesh, Marruecos.

Pero, ¿Por qué los océanos? ¿Y por qué ahora? ¿Qué tienen que ver los océanos y los mares con el clima global?

La respuesta está en el carbono azul. Se conoce como carbono azul costero al carbono almacenado en los ecosistemas de humedales con régimen de mareas, que incluyen bosques influidos por mareas, manglares, marismas y pastos marinos. Se encuentra en las reservas del suelo y de la biomasa viva y no viva.

El carbono azul costero es un subconjunto del carbono azul, el cual también incluye al carbono azul oceánico, que se encuentra almacenado en reservas abiertas en el océano.

Los ecosistemas de humedales costeros son los depósitos de carbono más eficaces del planeta. Pueden capturar y almacenar el exceso de carbono de la atmósfera con tasas de entierro 20 veces mayores que las de cualquier ecosistema terrestre, incluyendo los bosques boreales y tropicales. Sin embargo, los humedales costeros están entre los ecosistemas naturales más amenazados.

Las emisiones de gases de efecto invernadero ocasionadas por el desarrollo costero no sostenible han alcanzado las 1.000 millones de toneladas anuales, es decir, un 20 por ciento de las emisiones producidas por la deforestación global. Indonesia, donde se encuentra casi una cuarta parte de los manglares del mundo, contribuye con una quinta parte (200 millones de toneladas de CO2-eq) de sus emisiones nacionales, cantidad que equivale a 40 millones de automóviles menos en las carreteras.

La capacidad de retención de sedimentos del carbono azul costero adecuadamente restaurado y protegido facilitaría que estos ecosistemas cumplan un papel importante como “constructores de tierras”, una forma de servicio ambiental que no había sido monetizada, frente al aumento previsto de un metro en el nivel de los océanos para finales de este siglo.

Los océanos, junto con los recursos marinos y costeros, desempeñan un papel esencial en el bienestar de las personas que viven en zonas costeras, que en conjunto representan el 37 por ciento de la población mundial. Los recursos costeros y marinos aportan anualmente un estimado de USD 28 billones a la economía mundial a través de servicios ambientales.

Sin embargo, según el Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), estos recursos son extremadamente vulnerables a la degradación ambiental, la sobreexplotación pesquera, el cambio climático y la contaminación. Su decimocuarta meta, contenida en el ODS 14, “Vida submarina”, es conservar y utilizar los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible.

Una de las metas del ODS 14 es que para el año 2020 los ecosistemas marinos y costeros sean manejados, protegidos y restaurados de manera sostenible para lograr océanos saludables y productivos. Pero aún no estamos lo suficientemente cerca de esta meta. Por el contrario, estos ecosistemas están desapareciendo con rapidez.

En diciembre del 2015 se aprobó el nuevo tratado global sobre el cambio climático, el Acuerdo de París. Su objetivo central es fortalecer la respuesta mundial frente a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura mundial de este siglo muy por debajo de los 2 grados Celsius sobre los niveles preindustriales y desarrollar esfuerzos para limitar aún más el aumento de la temperatura, a 1,5 grados Celsius como máximo.

El Acuerdo de París exige que todas las partes hagan su mayor esfuerzo a través de contribuciones nacionales determinadas (CND) y que informen periódicamente sobre sus emisiones y sobre sus iniciativas de implementación. Teniendo en cuenta el potencial del carbono azul para la mitigación del cambio climático, es oportuno que este forme parte de las estrategias nacionales sobre el clima.

Por ello se creó el año pasado la Asociación Internacional del Carbono Azul (IPBC, por sus siglas en inglés) durante el Global Landscapes Forum 2015 celebrado en París, Francia

La asociación fue creada por los gobiernos de Australia, Indonesia y Costa Rica, junto con los siguientes socios fundadores: la Iniciativa Carbono Azul (Conservación Internacional, UICN, Comisión Oceanográfica Intergubernamental – UNESCO), GRID-Arendal, la Secretaría del Programa Ambiental Regional del Pacífico (SPREP, por sus siglas en inglés), la Secretaría del Foro de las Islas del Pacífico y la Oficina del Comisionado del Paisaje del Océano Pacífico, el Instituto para el Cambio Global y el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

El carbono azul tiene un gran potencial para la mitigación y adaptación al cambio climático. Mecanismos tales como el de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal (REDD+), las Acciones Nacionales Apropiadas de Mitigación (NAMA, por sus siglas en inglés) y el de Mitigación y Adaptación Conjuntas (JMA, por sus siglas en inglés), deberían ser utilizados para mejorar la resiliencia de los ecosistemas costeros y de las comunidades para hacer frente al cambio climático y al aumento del nivel de los oceános.

En lo que respecta al acuerdo, los arreglos financieros pueden consultarse con el Fondo Verde para el Clima (GCF, por sus siglas en inglés) a través de la Autoridad Nacional Designada (NDA, por sus siglas en inglés).

También existen una serie de iniciativas y grupos afines, como la Iniciativa del Carbono Azul de Conservación Internacional (CI), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO (COI), así como la Iniciativa del Carbono Azul del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que se encuentran dispuestos a brindar su apoyo para el desarrollo de capacidades y que pueden participar en esfuerzos conjuntos de restauración y protección.

Es necesario adoptar medidas adicionales para mejorar la rendición de cuentas de los esfuerzos de medición, reporte y verificación en la comunicación nacional y en el desarrollo de proyectos.

La investigación científica sobre el carbono azul está realizando avances para respaldar a los responsables políticos con información basada en evidencia para la toma de decisiones acertadas relativas al uso sostenible de los recursos costeros y marinos. Los científicos de las organizaciones de investigación y las universidades mejoran continuamente su comprensión sobre el tema, lo que ayuda a reducir la incertidumbre sobre el destino del carbono azul.

En esta COP22, donde por primera vez los océanos han sido parte de la agenda, se necesita un gran esfuerzo por allanar el camino para alcanzar objetivos comunes para la humanidad.

El sufrido planeta Tierra y las comunidades costeras vulnerables se encuentran en un apremiante compás de espera por decisiones enérgicas y ambiciosas relacionadas con la mitigación y adaptación al cambio climático, uno de cuyos componentes más importantes es el carbono azul.

*Este artículo fue publicado originalmente en el Jakarta Post

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Este estudio forma parte del Programa de Investigación del CGIAR sobre Bosques, Árboles y Agroforestería.
Tópicos :   Conversaciones climáticas