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El potencial de las turberas peruanas frente al cambio climático está siendo subestimado

Las inmensas reservas de carbono de las turberas peruanas podrían colaborar a favor o en contra del cambio climático, dependiendo de cómo se gestionen.
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Bosque de turbera en la Amazonia peruana. Foto: Kristell Hergoualc'h/CIFOR.

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Peru - Perú alberga en sus turberas Amazónicas y Andinas no solo una biodiversidad única, sino inmensos reservorios de carbono. Solo en una cuenca de su Amazonia, en el área denominada Pastaza Marañón, se estima que existe una cantidad de carbono equivalente a 100 años de sus emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero (GEI). Y sin embargo, la mayoría de este carbono, y los distintos tipos de vegetación y especies nativas de estos ecosistemas, no están protegidos.

Las turberas peruanas podrían ser entonces solución o problema frente al cambio climático, considerado el desafío mundial de nuestro tiempo, dependiendo de cómo se gestionen.

Aunque las turberas, un tipo particular de humedales, cubren solo el 3 por ciento de la superficie terrestre, se estima que contienen 100 veces más carbono que los bosques tropicales. Por ello, cuando son drenadas, deforestadas o degradadas se convierten en fuentes netas de GEI,  responsables del cambio climático.

“Si las turberas peruanas se degradan, deforestan y drenan las consecuencias en cuanto a las emisiones de GEI serían descomunales. Pero además se perderían otros servicios ecosistémicos como la regulación de los niveles de agua, lo que podría poner en riesgo a poblados y ciudades”

Kristell Hergoualc'h

Algunos estudios han estimado que la descomposición de las turberas drenadas genera hasta una gigatonelada de emisiones de GEI por año, además de provocar pérdida de biodiversidad y otros esenciales servicios ecosistémicos.

En este contexto, encontrar en la nueva estrategia de mitigación y adaptación al cambio climático de Perú un párrafo que promueve el drenaje de humedales como alternativa frente a la conversión de los bosques parece contradictorio.

“La recomendación es no drenar las turberas. Esto ya sucedió en otros países, Indonesia por ejemplo, y ha traído consecuencias ambientales catastróficas”, advierte Kristell Hergoualc’h, científica del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) que como parte del Programa de Adaptación y Mitigación Sostenible de los Humedales (SWAMP, por sus siglas en inglés) está estudiando las turberas amazónicas del Perú para poder llenar vacíos de información que puedan informar a las políticas y promover la gestión sostenible de estos ecosistemas.

Hergoualc’h presentó conclusiones iniciales de su estudio en el reciente Congreso Nacional Forestal (CONAFOR) organizado en Lima, Perú, por la Universidad Nacional Agraria La Molina y en el que varios expertos en materia de humedales presentaron información actualizada sobre el estado y los desafíos de los humedales sudamericanos.

“Si las turberas peruanas se degradan, deforestan y drenan las consecuencias en cuanto a las emisiones de GEI serían descomunales. Pero además se perderían otros servicios ecosistémicos como la regulación de los niveles de agua, lo que podría poner en riesgo a poblados y ciudades”.

Según la investigadora, las turberas deberían ser consideradas prioritarias en cualquier programa de conservación para la mitigación del cambio climático, por lo que es necesario reconocer su importancia, potencial y estado.

Aprender y definir

En Indonesia, el 70 por ciento del bosque primario sobre turba ha desaparecido especialmente a causa de la conversión agrícola, causando que más de un 40 por ciento de las emisiones del país provengan de las turberas y que especies como el orangután se encuentren al borde de la extinción.

Perú es el segundo país con mayor extensión de turberas tropicales después de Indonesia y forma parte de distintas iniciativas que promueven la gestión sostenible de los humedales para metas climáticas globales, tales como la Convención RAMSAR y la recientemente lanzada Iniciativa Mundial sobre las Turberas, promovida por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) junto a otras organizaciones en el marco de implementación del Acuerdo de París.

“Si Perú quiere proteger estos ecosistemas debe empezar por establecer un marco normativo que aún no hay. Existe una estrategia nacional de humedales, pero en esta aún no se consigna una definición para turbera. Entonces, por ejemplo, no podemos definir qué es extracción de turba, ni regular esta práctica porque no se precisa aún qué es turbera o que no es”.

Hergoualc’h explica que la estrategia peruana frente al cambio climático tampoco hace referencia alguna al manejo sostenible de los humedales, subestimando el potencial de estos ecosistemas y especialmente el de las turberas y su alta capacidad de almacenamiento de carbono.

“La turberas peruanas muestran signos de degradación cuya extensión y amplitud quedan por cuantificar. Además quedan por ser clasificadas, inventariadas y mapeadas a niveles regionales y nacionales”, observa.

“También es necesario analizar por qué y cómo países con alta cobertura de turberas llegaron a situaciones ambientales críticas e insostenibles para no volver reproducir modelos equivocados”.

Recomendaciones en base a evidencia

Un estudio piloto de Hergoualc’h y otros autores de próxima publicación será un primer intento de mapeo y caracterización de la degradación de las turberas de la Amazonia peruana. El estudio ha combinado análisis de teledetección e información de inventarios de carbono de la biomasa.

“Proporcionar estimaciones sólidas y creíbles de los impactos de la degradación es un paso esencial para planificar y adoptar estrategias de conservación”, explica.

Otra medida a contemplar frente a esta situación incluye el mejoramiento genético de una especie dominante en las turberas amazónicas, la Mauritia flexuosa, también conocida como palma de aguaje.

El aguaje es un importante fruto amazónico de cuya comercialización subsisten directamente alrededor de 5000 familias peruanas, según indicó Dennis del Castillo del Instituto de Investigación de la Amazonia (IIAP), organización que también forma parte del SWAMP.

Según explicó Del Castillo, las palmas de aguaje generalmente son cortadas para aprovechar el fruto, colaborando con la degradación del ecosistema y que junto a otras presiones, como la conversión para la agricultura, están menguando los bosques de turberas.

Otra amenazas para estos ecosistemas incluyen la minería de oro, prospección de petróleo o gas y la migración poblacional, según Hergoualc’h.

“Evitar la deforestación y degradación de las turberas peruanas es factible y se tendrán mayores posibilidades de éxito a través de iniciativas que involucren a las comunidades locales que viven en estas áreas’’, agrega.

Para más información sobre este estudio, póngase en contacto con Kristell Hergoualc’h en k.hergoualch@cgiar.org

El proyecto SWAMP es financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

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