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Una nueva investigación revela las numerosas formas en que los bosques contribuyen a la creación de lluvia y reducción de la temperatura de los climas locales, y recomienda un análisis más profundo sobre las capacidades de los bosques más allá de la simple mitigación del cambio climático.

En un artículo de publicación reciente, 22 investigadores pertenecientes al mismo número de instituciones diversas, hacen un llamado por un cambio de paradigma en la forma en que la comunidad internacional ve los bosques y los árboles, de un modelo centrado en el carbono a uno que reconozca su importancia en los ciclos transcontinentales del agua, así como a escala local.

“Las personas están acostumbradas a escuchar la idea de que los bosques son realmente importantes, pero ahora contamos con un conocimiento mucho más profundo acerca de por qué la pérdida de la cobertura forestal puede tener un impacto tan grande sobre la disponibilidad de agua, en especial para las personas que viven a favor del viento”, señala uno de los coautores del estudio, Douglas Sheil de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida.

“Los vínculos son mucho más fuertes de lo que se pensaba anteriormente. Y si los formuladores de políticas y los planificadores de uso de la tierra no toman conciencia de ello, es una enorme carencia para la toma de decisiones”.

Pero, entonces, ¿qué sabemos exactamente sobre los bosques y el agua?

Los bosques ayudan a la formación de las gotas de lluvia

Cada día, los bosques reponen el suministro de vapor de agua de la atmósfera. Extraen agua a través de sus raíces y la liberan por medio de sus hojas a través de la transpiración. Junto con la evaporación de los océanos y otros cuerpos de agua, es esto lo que impulsa el ciclo del agua y llena la atmósfera con vapor de agua.

“Es un proceso tan poderoso que se puede ver desde el espacio”, dice otro de los coautores del artículo, David Gaveau del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR). “Si nos fijamos en las imágenes satelitales de la Amazonia, África central o el sudeste asiático, podemos ver destellos de vapor de agua burbujeando”.

“Utilizamos la frase ‘los pulmones del planeta’ todo el tiempo, pero es aquí donde realmente se puede ver el ritmo natural de los bosques exhalando vapor de agua a la atmósfera”.

Estudios recientes demuestran que hasta un 70 por ciento de la humedad atmosférica generada sobre áreas terrestres proviene de las plantas (frente a la evaporación proveniente de lagos o ríos): mucho más de lo que se pensaba anteriormente.

Además, nuevas investigaciones han revelado que los bosques también cumplen un papel clave para que el vapor de agua forme nubes y caiga luego como lluvia.

Los árboles emiten aerosoles que contienen diminutas partículas biológicas —esporas fúngicas, polen, microorganismos y desechos biológicos en general—, las cuales son arrastradas a la atmósfera. La lluvia puede caer solo cuando el agua de la atmosfera se condensa en gotitas, y estas diminutas partículas facilitan este proceso al proporcionar superficies para que el agua se condense.

Algunos de estos microorganismos vegetales incluso ayudan a las moléculas de agua a congelarse a temperaturas más altas, un paso fundamental para la formación de nubes en zonas templadas.

“Estas partículas son increíblemente importantes para la existencia de lluvia”, dice el autor principal del estudio, David Ellison, de Ellison Consulting y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas. “Si están ausentes, puede que no haya lluvia o que llueva con menos frecuencia”.

Los árboles pueden aumentar la disponibilidad local de agua

Aunque según la ortodoxia aceptada los árboles extraen agua de las cuencas y el plantar árboles reduce la disponibilidad de agua para la población local, otro estudio “revolucionario” ha puesto de cabeza esta suposición.

“En un medio con escasez de agua, donde la gente cava pozos cada vez más profundos debido a que el agua subterránea está desapareciendo, se creía que existía un trade-off entre plantar árboles y el agua que la gente necesita”, dice Sheil. “Muchos donantes han evitado apoyar la plantación de árboles en zonas áridas del mundo porque les parece un asunto conflictivo”.

Pero una investigación realizada por Ulrik Ilstedt, de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas y uno de los coautores del estudio, ha demostrado que en los paisajes áridos, los árboles (en ciertas densidades) pueden más bien aumentar la disponibilidad de agua, ayudando a la recarga del agua subterránea.

“Lo que Ulrik ha demostrado es que, en las tierras áridas de África, si usted comienza a plantar árboles lo que obtendrá es un aumento inicial en la cantidad de agua del paisaje, porque los árboles utilizan menos agua que la cantidad de agua adicional que permiten que se infiltre a través del suelo”, dice Sheil.

Las raíces de los árboles —y los animales que estas atraen, como hormigas, termitas y gusanos— ayudan a crear agujeros en el suelo por los que fluye el agua.

“Es muy emocionante”, dice Sheil. “En grandes áreas de África, las personas ahora pueden comenzar a plantar árboles. Y si solo están interesadas en el carbono, aún hay aún muchos beneficios de ese tipo”, dice. “Es una situación en la que todos salen ganando (win-win), en todos los sentidos”.

Los bosques enfrían local y globalmente

En las regiones tropicales y templadas, los bosques enfrían la superficie terrestre. Y no solo mediante la provisión de sombra: el agua que transpiran también enfría el aire a su alrededor.

“Un solo árbol equivale a dos equipos de aire acondicionado y puede reducir la temperatura en hasta 2 grados”, señala uno de los autores del estudio, Daniel Murdiyarso, de CIFOR.

Por lo tanto, conservar la cobertura forestal puede reducir las altas temperaturas y amortiguar algunos de los extremos que pueden surgir debido al cambio climático, dicen los autores.

Este efecto puede verse incluso en entornos urbanos, dice Gaveau. “Todos lo percibimos. Si vas al parque en un día caluroso y pasas debajo de un árbol, sentirás el efecto de enfriamiento”.

Los bosques pueden atraer humedad al centro de los continentes

Los autores también destacan una teoría reciente que propone que los bosques crean vientos que conducen la lluvia hacia el centro de los continentes, y que sin una cobertura forestal continua desde la costa hasta el interior, las precipitaciones disminuirían drásticamente.

La teoría de la “bomba biótica” incluye mecanismos físicos que no están presentes en los modelos climáticos actuales y aún no ha sido demostrada, pero los científicos de CIFOR piensan que es creíble.

El modelo propone que los bosques generan una baja presión atmosférica, lo que succiona el aire húmedo desde el océano hacia el interior y crea un circuito de retroalimentación positivo.

“Algo importante de esta teoría es que nos permite explicar cómo pueden ocurrir precipitaciones tan abundantes en el interior de los continentes —la cuenca del río Amazonas en Sudamérica y la cuenca del río Congo en África— cuando la fuente original de agua, el océano, está tan lejos de donde cae la lluvia”, dice Sheil.

Otro de los autores del estudio, Dominick Spracklen, demostró previamente que en la mayor parte de los trópicos el aire que ha pasado sobre amplias zonas con vegetación en días previos produce al menos el doble de lluvia que aquel que ha pasado sobre zonas con poca vegetación, lo que demuestra el efecto inmediato de la deforestación sobre los patrones de lluvia.

Los bosques afectan la disponibilidad de agua a favor del viento, no solo aguas abajo

La humedad atmosférica generada por los bosques no solo se mantiene en la cuenca local. De hecho, la mayor parte de ella es impulsada por vientos dominantes hacia otras regiones, países, o incluso continentes.

“Cuantos más bosques y otras formas de cobertura vegetal se eliminan de la superficie terrestre, más daño se hace al transporte de agua transcontinental”, dice Ellison.

Ello tiene consecuencias geopolíticas que aún no se comprenden bien.

“Queremos que las personas empiecen a pensar en términos de dinámicas ‘a favor y en contra del viento’. ¿De dónde proviene el agua que usa, y cuánto contribuye la cuenca hidrográfica de la que usted forma parte a las precipitaciones a favor del viento?”.

“Si es usted un planificador del uso de la tierra o de la gestión del agua, ¿qué ocurre si elimina los bosques? ¿Cómo afecta eso a las personas que viven a favor del viento? Si usted se encuentra en una cuenca donde está disminuyendo el suministro de agua, ¿cómo puede influir en ello a través de intervenciones contra el viento?”.

Dar respuesta a estas preguntas requiere una estrecha colaboración entre países, nuevos marcos institucionales que no existen actualmente y nuevas formas de pensar acerca de las cuencas hidrográficas.

Por ejemplo, una asociación internacional llamada la Iniciativa de la Cuenca del Río Nilo actualmente solo incluye a aquellos países que forman parte en sí de la cuenca del río Nilo y utilizan su agua, dice Ellison. Pero los países de África central de donde proviene la lluvia no están involucrados.

“Entonces, la pregunta es la siguiente: ¿quién debe estar involucrado en la gestión de una cuenca hidrográfica, si los países donde se origina la humedad se encuentran en otro lugar? ¿Cómo incluirlos? ¿Es posible lograr que reconozcan que lo que ocurre en su país puede estar estrechamente relacionado con lo que ocurre en otro?”.

“Es fácil entender cómo esto plantea dilemas”, dice.

 Un llamado a la acción

El vínculo entre los bosques y el clima es intuitivo y de fácil entendimiento, dice Gaveau. “Cuando ves la niebla matutina que surge de un bosque, te das cuenta de que los bosques están transpirando vapor de agua. Si te sientas debajo de un árbol en un día caluroso en una ciudad, te sentirás más fresco”.

“Por el momento, el nexo entre los bosques y el agua es considerado como una suerte de cobeneficio del tema del carbono, pero debe ocupar un lugar protagónico. El carbono puede parecer abstracto para muchas personas, pero un vaso de agua potable es algo tangible”.

Dada la creciente evidencia científica de cuán fuerte es esta conexión, los numerosos autores del estudio han lanzado un “llamado a la acción”.

Sostienen que necesitamos una nueva forma de ver los bosques que dé prioridad al agua, aun dentro del marco del cambio climático global.

La protección de los bosques para asegurar el acceso al agua inevitablemente también aumentará el almacenamiento de carbono, mitigará el cambio climático y producirá otros beneficios inmediatos, dice Murdiyarso.

“Cuando se habla de carbono, los resultados se verán en 15, 50 o 100 años. Pero estos procesos cíclicos del agua los vemos a diario”.

“Esperemos que este enfoque pueda cambiar el paradigma y el curso del debate sobre la adaptación y la mitigación del cambio climático”.

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