El uso múltiple del bosque salva al pavo de monte de ser perseguido hasta la muerte

BOGOR, Indonesia (21 de marzo de 2012)_Por tres mil dólares los cazadores deportivos pueden pasar cuatro días cazando al pavo de monte en las concesiones de la comunidad forestal de uso múltiple de la Reserva de la Biósfera Maya en Guatemala. Este precio, establecido por un proyecto de conservación y desarrollo, está ayudando a evitar que se cace a esta especie hasta llevarla al borde de la extinción.
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El Pavo Ocelado. Foto de Bernard/flickr.

BOGOR, Indonesia (21 de marzo de 2012)_Por tres mil dólares los cazadores deportivos pueden pasar cuatro días cazando al pavo de monte en las concesiones de la comunidad forestal de uso múltiple de la Reserva de la Biósfera Maya en Guatemala. Este precio, establecido por un proyecto de conservación y desarrollo, está ayudando a evitar que se cace a esta especie hasta llevarla al borde de la extinción.

“Los pavos de monte han prácticamente desaparecido fuera de las áreas protegidas y remotas debido a la caza de subsistencia indiscriminada e insostenible”, dijo Erick Baur de Servicios Integrados de Gestión Ambiental y Fauna Silvestre de Guatemala, autor principal de Multiple forest use through commercial sport hunting: lessons from a community-based model from the Petén, Guatemala (Uso múltiple del bosque a través de la caza deportiva comercial: lecciones de un modelo comunitario del Petén, Guatemala). Baur ha estado involucrado en el proyecto de conservación del pavo de monte (conocido localmente como Proyecto Pavo) desde que era solamente un concepto en 1999.

Las más de dos millones de hectáreas de la Reserva de la Biósfera Maya son gestionadas por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas  y están zonificadas con distintos niveles de protección. La zona de ‘uso múltiple’ (alrededor de 40 por ciento de la reserva) permite actividades económicas reguladas y es en esta área en la que funciona el Proyecto Pavo. La principal fuente de ingresos forestales en esta zona proviene de la madera certificada por FSC, aprovechada a través de operaciones de explotación de madera de reducido impacto.

Una de las dos especies de pavos vivos en el mundo, el Pavo Ocelado se encuentra solamente en la Península del Yucatán, hogar de las mayores extensiones continuas de bosques tropicales en Centro América. Si bien el pavo es endémico de esta región, la caza de subsistencia en las comunidades locales ha diezmado severamente a las poblaciones de pavos en los lugares donde no están protegidos.

“Tradicionalmente la población local cazaba a cualquier animal que cruzaba su camino en el curso de sus actividades diarias durante todo el año, incluyendo hembras y crías, y la mayor parte de su proteína en la dieta procedía de la carne de caza. Cuando las densidades de las poblaciones humanas eran bajas en la región (hasta la década de 1960), esto tenía un efecto sobre las poblaciones similar al de la depredación natural”, explicó Baur.

“Pero una vez que la población humana empezó a aumentar en forma significativa, también lo hizo la presión de la cacería. En el caso de los pavos de monte, cuando se presenta la oportunidad, como un árbol convenientemente ubicado donde un grupo reposa en la noche o una hembra en su nido, la gente del lugar se los lleva a todos, sin importar los impactos negativos en la reproducción. A lo largo del tiempo, el aprovechamiento implacable y no selectivo de la fauna silvestre ha excedido la habilidad de las poblaciones para mantenerse a sí mismas, llevando a extinciones locales.”

Los fundadores del Proyecto Pavo vieron el potencial de diversificar los ingresos generados a partir de los bosques y simultáneamente conservar a las poblaciones de pavos de monte desarrollando un programa operado por la comunidad para el aprovechamiento selectivo del Pavo Ocelado con cazadores deportivos como clientes.

El Proyecto Pavo mantiene a los cazadores en una situación bien controlada, dirigida a un número limitado de pavos machos. A los pobladores no se les prohíbe cazar pavos, simplemente se les pide que no cacen dentro de las áreas de aprovechamiento designadas para los clientes. Y los incentivos parecen funcionar, ya que las poblaciones de pavos de monte han aumentado en las áreas de caza designadas durante la mayor parte del tiempo que ha durado este proyecto.

“En el área somos el único ejemplo de cacería hecha de “la forma correcta’,” dijo Baur.

Las comunidades que participan en el Proyecto Pavo gestionan los ingresos del aprovechamiento local, las operaciones de campo y el personal. En la etapa de apogeo del proyecto las comunidades estaban ganando más de 30 mil dólares por aprovechamiento anual, en comparación con valores de 250 a 375 dólares por carne de caza para subsistencia antes del proyecto. Pero las comunidades locales no reciben solamente beneficios financieros.

El proyecto emplea a los pobladores para el mantenimiento de los campamentos y los senderos, ellos realizan encuestas sobre las poblaciones de pavos, operan las cacerías y guían a los clientes hacia el bosque. Esto ofrece alternativas de empleo local para la caza de subsistencia, cultiva las habilidades locales en gestión financiera y logística, aumenta la velocidad de respuesta de las autoridades de la concesión comunitaria frente a incendios forestales mediante el mantenimiento de los senderos, y desalienta el aprovechamiento ilegal con la sola presencia de personal del proyecto en áreas remotas.

“El Proyecto Pavo demuestra que la caza deportiva puede ser un medio eficaz para diversificar la gestión de los bosques tropicales y conservar la fauna silvestre seleccionada, siendo compatible al mismo tiempo con la madera y otras actividades de extracción”, dijo Manual Guariguata, Científico Principal de CIFOR, editor de una reciente publicación especial en Forest Ecology and Management que presenta once trabajos sobre varios aspectos del uso múltiple en bosques tropicales de producción incluyendo el Proyecto Pavo.

“Entre otras razones, el Proyecto Pavo ha tenido éxito debido a que sus actividades son altamente compatibles con el aprovechamiento de productos forestales maderables y no maderables en la región del Petén, en Guatemala, brindando al mismo tiempo beneficios económicos a los concesionarios locales”, añadió Guariguata.

Se puede encontrar un ejemplo similar de posibilidades de caza deportiva para promover la conservación de la biodiversidad y mejorar los medios de vida rurales en el país vecino, México, donde un programa comunitario de caza deportiva ha recibido muchos elogios por sus contribuciones a la conservación del Borrego Cimarrón.

El Programa de Gestión de Áreas Comunales de Zimbabwe para Recursos Indígenas (CAMPFIRE, por sus siglas en inglés) también generó más de 20 millones de dólares para las comunidades participantes entre 1989 y 2001. Casi 90 por ciento de los ingresos provinieron de la caza deportiva y el programa ha sido ampliamente emulado en el Sur y Este de África.

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