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Restauración de tierras degradadas: Cuando la solución se llama Madre Naturaleza

Por qué no se deben ignorar los beneficios de la regeneración natural en la restauración forestal y de paisajes.
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Dejar que la naturaleza siga su curso puede ser una alternativa para la restauración de ciertos paisajes forestales. Foto por: Icaro Cooke Vieira

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A medida que los países se preparan para el “Desafío de Bonn”, cuya meta global es restaurar 150 millones de hectáreas de tierras deforestadas y degradadas para el año 2020, hay una solución que ha sido dejada en segundo plano, advierten los científicos.

Aunque la mayoría de los planes se concentran en convertir las tierras degradadas en plantaciones forestales, dejar que el bosque se recupere de una manera natural puede ser menos costoso y más efectivo para la restauración de las funciones de los ecosistemas, explica Manuel Guariguata, líder del equipo de Manejo Forestal y Restauración del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR).

“La regeneración natural tiene claros beneficios para la preservación de la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos”, dice.

“Antes de que la tierra fuera convertida para la agricultura o para otros usos, había un ecosistema natural en funcionamiento. Por ello, en muchos casos, la mejor opción puede ser dejar que la naturaleza siga su curso en las tierras sin uso”.

En un reciente número especial de la revista Biotropica, Guariguata y otros investigadores analizan la ciencia y la política detrás de la regeneración natural del bosque y la restauración de los paisajes.

Aunque la regeneración natural es una opción de bajo costo para reducir la erosión, proteger las cuencas hidrográficas y secuestrar carbono, “a menudo se le pasa por alto al diseñar programas y estrategias de restauración”, señalan Maria Uriarte de la Universidad de Columbia y Robin Chazdon de la Universidad de Connecticut, ambas coeditoras del número especial.

CAUSAS DE RESISTENCIA

¿Por qué, entonces, se deja de lado algo que requiere tan poco esfuerzo humano?

Según Manuel Guariguata,  a un bosque en regeneración le puede tomar no menos de tres a cuatro décadas para llegar a cierto grado de madurez, y durante ese proceso se ve descuidado. Es posible que los agricultores no quieran un área que luzca como “tierras abandonadas” dentro de su propiedad, y podrían verse tentados de talarla.

Sin embargo, en condiciones adecuadas, la regeneración natural puede tener sentido para los agricultores, especialmente como parte de un mosaico de paisajes que combine agroforestería, cultivos y bosques naturales. La clave está en determinar las condiciones biofísicas, sociales y económicas que hacen que la regeneración natural sea la opción más viable.

Ello significa ponderar las posibles pérdidas y ganancias (tradeoffs), incluido el “costo de oportunidad”, es decir, los ingresos a los que un propietario de tierras renuncia al dedicar la tierra a un uso, como un bosque, en lugar de otro, como la agricultura.

“Se debe seleccionar el terreno que tenga el menor costo de oportunidad, porque no será utilizado durante varias décadas”, dice Guariguata.

Las laderas empinadas y las áreas remotas que no son atractivas para la agricultura son buenas candidatas para ello. Así como también las zonas donde aún quedan remanentes de bosques maduros. Los bosques remanentes sirven como fuentes de semillas que las aves y los animales dispersan en las áreas degradadas entre ellos.

Si los remanentes están relativamente cerca unos de otros, la regeneración ocurrirá naturalmente, con el tiempo. Si están más distantes, podría ser necesario plantar árboles para impulsar el proceso. Este tipo de “regeneración activa” también podría ser necesario en lugares donde la tierra se ha degradado debido al uso intensivo, por ejemplo, luego de muchos años de uso para pastoreo.

Contar con políticas que incluyan la capacitación de agricultores y agentes de extensión en regeneración natural puede ayudar a asegurar el éxito, sugieren Uriarte y Chazdon.

Sin embargo, destacan que la regeneración natural no es una solución de carácter universal. En algunos casos, el costo de oportunidad de dejar la tierra sin uso durante décadas puede ser excesivo, y un agricultor podría optar más bien por la agroforestería.

Entender los tradeoffs, que cambian con el tiempo y con las circunstancias locales, puede ayudar a los responsables políticos a determinar aquellos casos en que la regeneración natural se presenta como la opción con mayor sentido económico y ecológico, señala Guariguata.

Pero a causa de la escasa investigación sobre regeneración natural, no existe suficiente evidencia científica para orientar las decisiones políticas. Más estudios permitirían a los investigadores comparar los resultados de diferentes estrategias de restauración forestal, tanto para los ecosistemas como para las personas cuyos medios de subsistencia dependen del bosque, dice Uriarte.

“No existen muchos datos cuantitativos y sólidos que podamos usar para modelar lo que sucedería si promovemos la regeneración en un lugar en vez de otro”, dice Chazdon.

La regeneración natural tiene claros beneficios para la preservación de la biodiversidad y la provisión de servicios ecosistémicos”

Manuel Guariguata

NO EXISTE UN ENFOQUE UNIVERSAL

La restauración se puede alcanzar de diversas formas, que incluyen la regeneración natural, agroforestería y plantaciones de árboles de especies mixtas, pero existe poca investigación sobre los impactos ecológicos, y menos aún sobre los impactos socioeconómicos de estas especialmente a largo plazo.

“A menudo la restauración se implementa sin considerar las alternativas. Es importante preguntarse cómo se beneficiarían las personas y cómo variarían las características de los ecosistemas si se escogieran diferentes opciones”, dice Uriarte.

Las decisiones sobre el uso de la tierra también involucran ganancias y pérdidas (tradeoffs): cuando se deja de usar la tierra para permitir que el bosque se regenere naturalmente, por ejemplo, esta ya no estará disponible para la agricultura, pero con el tiempo producirá recursos forestales y puede proporcionar amortiguamiento frente al cambio climático.

“La pregunta es: ¿cuánto se obtiene de un cultivo frente a cuánto se obtiene de un bosque regenerado naturalmente?”.

Y la respuesta puede variar con el tiempo, dependiendo de las cambiantes condiciones financieras, los precios de las materias primas o incluso el clima. “Cualquier cálculo que una persona haga sobre el uso de la tierra está sujeto a variación constante”, dice Uriarte, y se requieren estudios adicionales para entender tanto los tradeoffs como las sinergias que ofrecen los bosques en vías de regeneración natural.

Los investigadores y los responsables de diseñar e implementar políticas también necesitan medios para analizar los costos y beneficios de la regeneración natural.

“La mayoría de las herramientas existentes están orientadas hacia la planificación y el mapeo iniciales”, dice Chazdon. “Se necesita contar  con herramientas más detalladas que consideren datos de biodiversidad, estimaciones de los beneficios de carbono de la restauración, así como los beneficios económicos y otros factores”.

La regeneración de los bosques a menudo cae dentro de un vacío legal, ignorada tanto por las políticas ambientales como por las agrícolas. La investigación podría ayudar a señalar cuáles son las regulaciones más eficaces para alentar la regeneración natural, así como la mejor forma de implementar esas políticas y los incentivos financieros más efectivos.

Pero Uriarte advierte que “cada país tiene su propia historia y su propio sistema político, y lo que funciona en un lugar puede no funcionar en otro: no existen soluciones universales”, dice.

“Lo más común es escuchar sobre propuestas para reforestar plantando árboles”, dice Guariguata. “Pero cuando hablamos de millones de árboles, se requerirían inmensos espacios para viveros y una gran cantidad de insumos”.

La regeneración, sea totalmente natural o con alguna asistencia, puede ayudar a los países a cumplir con al menos algunos de sus compromisos de reforestación a un costo menor, indica.

“En muchos aspectos, la naturaleza es la más sabia”, dice.

Para obtener más información sobre este tema, póngase en contacto con Manuel Guariguata en m.guariguata@cgiar.org.

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